Blog

Ultimas notas
El pionero del post-rock: Mark Hollis.

El pionero del post-rock: Mark Hollis.

mayo 2, 2019

El pasado 25 de febrero murió, a la edad de 64 años, Mark David Hollis, el talentoso multi-instrumentista, cantante y compositor que fundó el grupo británico Talk Talk. Nos enteramos de la tragedia gracias al escritor Anthony Costello, primo del músico, quien dio la noticia a los medios. El fallecimiento —cuyas causas se desconocen— nos tomó por sorpresa a todos los amantes del rock inglés y, especialmente, a los fans de las variantes del rock-pop de comienzos de los ochenta, que algunos artistas ensayaron, con más o menos éxito. Hollis fue uno de los máximos creadores de esta tendencia, un músico innovador a tal punto que se puede afirmar, sin temor a exagerar, que los últimos discos de Talk Talk son prácticamente inclasificables. Al mismo tiempo, Hollis y su obra fueron la musa para ciertas corrientes del avant-garde y el rock experimental que todavía, en su inercia, siguen mutando.

Hollis nació en Londres el 4 de enero de 1955. Fue hermano menor de Ed Hollis, productor, disc jockey y manager de bandas. Dejó la universidad en 1975 —estaba estudiando Psicología— y decidió iniciarse en el mundo de la música, formando su primera agrupación: The Reaction. Con esta banda grabó un demo para Island Records, que incluyó una canción de su autoría. Luego de que editó su primer single, The Reaction se disolvió. Por medio de su hermano, Hollis conoció al bajista Paul Webb, al tecladista Simon Brenner y al baterista Lee Harris. Junto a ellos creó Talk Talk, en 1981

La flamante agrupación publicó su álbum debut en 1982, “The Party’s Over”, el cual presenta un sonido emparentado con bandas del new romantic y el synth wave, las modas musicales del momento (principalmente encarnadas por Duran Duran). Este primer disco también tiene puntos de conexión con otras bandas que se habían formado en el segundo lustro de los setentas, como The Human League y Ultravox. Su estilo tuvo mucho que ver con la dirección que el sello EMI impuso a la banda en sus inicios, con la finalidad de conseguir más ventas, claro. Pero más adelante, Hollis daría rienda suelta a las ideas que todo el tiempo surgían de su nutrido repertorio de influencias: Otis Redding, el grupo alemán de krautrock Can, John Coltrane, Miles Davis y Burt Bacharach, entre otros.

Así fue elaborando un sonido en el que valían tanto la improvisación (entendida por él como “la ética jazzística”, o el verdadero espíritu del jazz, una música que amaba) como el empleo de texturas del synth wave y el ambient pop. En este sincretismo, el productor Tim Friese-Greene fue una suerte de piedra angular, ya que su enfoque distaba mucho de la visión de Colin Thurston, el primer productor de la agrupación, quien también producía a Duran Duran. Friese-Greene fue el cómplice de Hollis y quien impulsó el vuelo creativo de la banda, de tal modo que él —emulando el vínculo que tuvieron los Beatles con George Martin o con Geoff Emerick—, se terminó convirtiendo en el quinto miembro de Talk Talk.

De este modo, los siguientes discos de la banda fueron, indiscutiblemente, fruto de la sociedad entre Friese-Greene y Hollis. “It’s my Life” (1984) obtuvo éxito inmediato con hits como el que da nombre a la producción, «Dum Dum Girl» y «Such a Shame», pero no terminó de colmar las expectativas de Hollis, puesto que en esta grabación se usaron más sintetizadores de lo que hubiera deseado, “por motivos económicos”, según declaró alguna vez. “The Colour of Spring” (1986) contiene texturas más orgánicas e incluye algunos sonidos cuasi-étnicos que lo acercan al híbrido con la world music que intentaban otros artistas contemporáneos (como Peter Gabriel en “So”, editado el mismo año). “The Colour of Spring” también supone un primer intento del minimalismo que vendría después, el cual asoma en las melodías simples e improvisadas y los despojados arreglos, ejecutados por guitarras acústicas, trompetas y armónicas. Incluso, en más de una canción, se reemplaza el acompañamiento de batería por patterns hechos con diversos instrumentos de percusión.

Debido al éxito comercial de los tres primeros álbumes, EMI le concedió más libertad a Hollis, así que la banda decidió grabar su cuarto disco en una iglesia abandonada de Suffolk. “Spirit of Eden” (1988) supone una bisagra en la trayectoria de Talk Talk, puesto que es considerado el primer disco de post-rock de la historia, siendo inspiración decisiva para bandas que habían nacido poco antes de su lanzamiento, como Radiohead (formada en 1985) y para otras que surgirían muchos años después, como Stereolab y Mogwai. Suele suceder que las apuestas originales y riesgosas no son comprendidas por las compañías discográficas, y este intento de Hollis no fue la excepción, a pesar de haber recibido grandes alabanzas de la crítica especializada. (Que el único termómetro que atiendan los grandes sellos sea el de las ventas no es algo nuevo). El público, instruido por el bombardeo comercial, esperaba la misma fórmula del sencillo “It´s my Life”, y no las largas y atmosféricas improvisaciones de este cuarto álbum. Esta circunstancia significó la ruptura entre la banda y el sello, que se demandaron mutuamente. (Talk Talk terminó ganando el juicio).

Después de ese desgastante proceso, la agrupación no volvió a grabar hasta el año 1991, cuando firmó contrato con Polydor y publicó “Laughing Stock”, con el que redobló la apuesta de su producción anterior, ya que el resultado en este último disco de estudio de los Talk Talk es aún más experimental. Aquí, creo yo, hay un fenómeno curioso: Hollis y su troupe trataron de hacer una continuación de la producción anterior, realizada tres años antes. Eso es lo que parece. De hecho, hasta las portadas de ambas grabaciones son semejantes. (Es un ejercicio maravilloso contemplar las ilustraciones de las cubiertas que el genial artista James Marsh hizo para cada álbum de los Talk Talk: son una mejor que la otra y merecen un capítulo aparte). Que “Laughing Stock” sea una secuela de “Spirit of Eden” debe leerse como el empecinamiento propio de un artista que se mostraba intransigente respecto de sus ideas. En otras palabras: Hollis era un tipo que estaba dispuesto a jugarse por sus convicciones hasta el final. Y esta valentía nunca es un detalle menor en la cada vez más uniforme industria de la música, que sólo fabrica productos estandarizados, desechando la innovación y la originalidad sin que le tiemble el pulso.

La grabación de “Laughing Stock” duró un año entero, y contó con la colaboración de dieciocho músicos a los que se les pidió improvisar. A pesar de que no todos los críticos lo apreciaron, la mayoría de ellos todavía consideran que este álbum y “Spirit of Eden” son dos obras maestras.

Luego de su quinta producción, Talk Talk se disolvió. Pasarían siete años hasta que Hollis volviera a pisar un estudio: en 1998 surgió “Mark Hollis”, un álbum muy intimista. Luego él colaboró con Unkle, Anja Garbarek y Phil Brown, hasta que se retiró de la música.

Hay dos aspectos de la carrera de Hollis que me fascinan. Primero: como productor soy un enamorado de la precisa filigrana sonora que él sabía forjar, capa tras capa, en cada una de sus canciones, tanto en la etapa más comercial como en la experimental. Segundo —y tal vez más importante—: admiro la forma en la que él estuvo atento sólo a su faro interior, defendiendo la validez de sus ideas hasta las últimas consecuencias. Esto es realmente estimulante. Sin lugar a dudas, Mark Hollis será siempre el pionero del post-rock. Aunque haya sido infravalorado, nadie podrá ya quitarle su eterno lugar en el podio de los grandes creadores.

¡Que sea rock!

Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

Author: