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Adiós a Chris Squire, padre del rock progresivo.

Adiós a Chris Squire, padre del rock progresivo.

julio 1, 2015

El pasado 28 de junio falleció Chris Squire, uno de los bajistas más grandes de la historia, un innovador, un gran compositor y cantante; y, como si fuera poco, fundador y miembro emblemático de Yes, tal vez la banda de rock progresivo más significativa de todos los tiempos.

La noticia previa, el inicio de su leucemia, ya había sido un golpe para el mundo del rock y para cientos de miles de fans en todo el mundo. Nadie esperaba que la enfermedad fuera fulminante. Pero así estaba escrito en alguna canción del disco conceptual de la Eternidad, una caprichosa música que estamos obligados a oír aunque no nos guste, y que no podemos modificar.

Para dimensionar la pérdida, basta ver cuántas palabras se han escrito en las redes sociales para recordarlo y expresar la tristeza causada por su desaparición física.

Podríamos llenar páginas enteras hablando de las cualidades únicas de su sonido, del rango tan amplio de frecuencias que usaba en la ecualización del amplificador de su bajo, un rango que trataba de imitar —según sus propias palabras— al registro de un órgano de tubos. Podríamos explayarnos en lo renovador de su set de efectos de sonido, ya que le adosó a su legendario Rickenbacker 4001 —y a todo su arsenal de bajos— la parafernalia habitual de los guitarristas: overdrive, delays, wah wah, phaser y flanger, entre otros. (No por nada se dicho más de una vez que él era el Jimmi Hendrix del bajo: escuchen el pattern de bajo en “Tempus Fugit”, del disco “Drama”: un rabioso walking con púa, lleno de flanger; o el titánico solo que hace en la versión de “The Fish (Schindleria Praematurus)”, en el triple álbum en vivo “Yessongs”.) O podríamos centrarnos en la espectacularidad de su versátil técnica, que mezclaba el uso de la púa y de las yemas de los dedos. O recordar cuán carismáticas eran sus performances en vivo, en las que combinaba las habilidades de un frontman y de un showman, al punto de transformarse en uno de los atractivos más importantes de los conciertos de Yes.

Podríamos escribir un libro entero hablando de todo esto. Pero aún así no alcanzaríamos a plasmar la totalidad de su impronta. No llegaríamos a ponderar el alcance de su arte, la profundidad de la huella que él dejó en miles y miles de músicos —muchos, famosos, y muchos más, no tan célebres—. Colaborador incansable de múltiples proyectos por fuera de Yes, su estela engalana muchos, pero muchos discos, de los cuáles la mayoría son, si no clásicos, grandes obras del rock progresivo, por lo menos.

Recuerdo la primera vez que vi a Yes en vivo. Fue durante la gira de presentación de “Talk”, en el año 1994, en el viejo Estadio Obras Sanitarias. Todavía me dura el impacto que me causó atestiguar su talento, llevado a su máxima expresión en el tema “The heart of sunrise” (“El corazón del amanecer”, del magistral álbum “Fragile”). Fue tan grandioso que una persistente ovación cerrada del público lo obligó a dejar de tocar para saludar. La prestancia con la que dominaba el escenario, el despliegue que hacía de sus dotes musicales, lo convertían en un músico ineludible en cualquier show. Desde esa vez me dije que, si bien soy guitarrista, no podía pasar por esta vida sin intentar tocar un Rickenbacker 4001 como él lo hacía.

En el video “Songs from Tsongas”, del tour del aniversario n° 35 de la banda, cuando Jon Anderson trata de explicar a la audiencia cómo fue la génesis del arreglo acústico para el tema “Rondabout”, Chris interviene diciendo: “Yo siempre estoy en otro lado”. Sí, siempre estuviste más allá que el resto. Y hoy también estás en otro lado, siempre esquivo en tu creatividad ilimitada, inasible en tu desparpajo teatral y musical. Pero lo que permanece con nosotros es tu legado, inmenso y rico, para seguir aprendiendo y creciendo al tratar de emularlo.

Adiós Chris Squire. 67 años te bastaron para haberle dado fama mundial al prog rock sinfónico, llevándolo a la cima más elevada mediante, al menos, una decena de discos indispensables en la historia del rock. Chapeau.

Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

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