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Artaud, el mejor disco del rock argentino.

Artaud, el mejor disco del rock argentino.

diciembre 18, 2017

Sí, lo sé. Intitular de este modo la nota de hoy del #blogrocker de Honky Tonk es generar recelos e incitar a la polémica. Pero dejame decirte, para que bajes esa ceja suspicaz, que en esta ocasión la inmensa mayoría —sin distinción entre público y crítica— coincide en que “Artaud”, de Luis Alberto Spinetta, es el mejor disco de toda la historia del rock nacional.

Fue editado en 1973, el mismo año en que salió a la venta “The Dark Side of the Moon”, de Pink Floyd. (El mismo año en que nací). Estamos hablando de un álbum que tiene casi 45 años de vida.

pescado rabioso artaud vinilo

Mi primer contacto con esta obra fuera de serie se debió a un regalo de Sergio, un compañero de mi primer empleo (yo empecé a trabajar como data entry en el Departamento de Recaudaciones de la Asociación Obrera Textil, en plena década menemista). Sergio, con varios años más que yo, era un melómano consumado y sabía mucho de música. Por lo tanto, yo me lo pasaba conversando con él. Un día apareció con un TDK cuya lámina —una fotocopia color cuidadosamente cortada y plegada— rezaba: “Artaud – Pescado Rabioso”. Era una copia de la flamante edición en CD del álbum, que él había hecho en su minicomponente. (Aunque suene a autodefensa, hay que mencionar que en esa época no estaba instalado el concepto de ‘piratería’, por lo menos en nuestro país. Y un obsequio como ése era considerado un gesto valioso).

De más está decir que quedé pasmado. En mi adolescencia, siendo un buscador de música nueva, esta colección de canciones me pareció extrañamente bella, de otro mundo, y al mismo tiempo, parca, cruda, descuidada. No podía dejar de escuchar ese cassette: me resultaba irresistible.

Según cómo se lo mire, “Artaud” puede ser el tercer álbum de estudio de Pescado Rabioso, o el segundo disco solista del Flaco Spinetta. Por cuestiones contractuales con Microfón —sello al que Pescado luego de “Desatormentándonos” y “Pescado 2”, todavía le debía un disco—, esta producción terminó acreditándose a la banda, que ya se había disuelto, luego del show que habían dado en el teatro Planeta, por diferencias respecto de la sinergia creativa: Carlos Cutaia, Black Amaya y David Lebón ya no entendían la forma en la que estaba componiendo el Flaco. Amaya dijo: “Él empezó a perfilarse para otro lugar, una mano más arreglada, tipo lo que después fue Invisible. A lo último escribía un tema y yo no lo entendía; estaba leyendo mucho a Artaud y Rimbaud.

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Las canciones de este disco son las que el Flaco había escrito para los nuevos proyectos de Pescado, así que siguió refinándolas, y a la hora de grabarlas, llamó a dos amigos de Almendra (Emilio del Guercio y Rodolfo García) y a su hermano, Gustavo. Hay dos aspectos muy interesantes de la génesis de este álbum: uno es la encrucijada política y social que tenía en vilo el país. Pisando el final del primer lustro de los setentas, las dictaduras cívico-militares —si no financiadas, al menos alentadas por USA— se instalaban con éxito en varios países de Latinoamérica. En nuestro país, Alejandro Lanusse (último el presidente de facto de la Revolución Argentina, que había derrocado a Arturo Illia en el golpe de 1966), reabría los comicios, después de 21 años sin votaciones libres, sin que las Fuerzas de Seguridad controlaran las elecciones. El voto popular concedió el triunfo a “El Tío” Cámpora. Es bien sabido que el Flaco tenía afición por el peronismo. Y él mismo expresó más de una vez que no había como el nihilismo de la poesía maldita para reflejar a través del arte el clima político de la Argentina. Así que de alguna manera, “Artaud” tiene su lado militante.

El segundo factor que incidió fuertemente en “Artaud” es la decisión de Spinetta de formar pareja con Patricia Salazar, con quien mantendría una relación estable de veinte años y tendría cuatro hijos. (La letra de “Todas las hojas son del viento” muestra a las claras las sensaciones que atravesaban a Spinetta en ese momento. Por otro lado, “Por”, cuya letra es una lista de sustantivos rematada con la preposición ‘por’, fue escrita ‘a cuatro manos’ entre él y Patricia).

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Para entender por qué este disco es una suerte de homenaje al dramaturgo y poeta francés Antonin Artaud, podemos empezar por saber que al mismo tiempo que trabajaba en el proyecto, el Flaco publicó su manifiesto “Rock: música dura, la suicidada por la sociedad”, cuyo título está claramente inspirado en el ensayo de Artaud titulado “Van Gogh, el suicidado por la sociedad”, una de las obras del francés que más influyeron en la cosmovisión spinettiana y que expone ideas sobre la locura y la muerte del pintor holandés Vincent Van Gogh. (Y no está de más recordar que Artaud escribió este ensayo luego de estar casi nueve años internado en diversos manicomios, siendo sometido de manera reiterada a la terapia de electroshock).

La otra obra de Artaud fundamental en la concepción spinettiana es “Heliogábalo o el anarquista coronado”, que intenta poner en el tapete —adelantándose varias décadas— el tema del sexo transgénero, reivindicando la figura de Heliogábalo, un emperador romano transgénero que reinó desde el 218 al 222 D.C. y pretendió vanamente que Roma acogiera la religión siria, en la que prevalecía una noción andrógina de la divinidad. El status quo romano respondió asesinándolo, cuando él contaba sólo dieciocho años de edad, para luego desmembrarlo y arrojar sus restos al Tíber.

El Flaco diría después que la “sangre alrededor” que se menciona en “Cantata de puentes amarillos” —sin duda, el corazón del álbum— es la sangre de la oreja de Van Gogh y de Heliogábalo, cuando echan sus miembros a las letrinas de Roma.

spinetta

Sin dudas, este disco es la confluencia de las numerosas inquietudes que entonces hacían vibrar a Spinetta, entre las que se destacan el momento político del país, la mirada introspectiva que indaga sobre el futuro al pensar en la prole, y el intento del amor como respuesta a las sensaciones descarnadas que le provocó la lectura de los textos de Artaud. No exagero si digo que es mucho más que una obra conceptual. Podríamos hablar horas de cómo por medio de este álbum el Flaco comenzó a introducir elementos del jazz en su composición, del delicado balance entre lo acústico y lo eléctrico que reina en la grabación; o de sus melodías, que son el hilo que une cada uno de los acordes que te pasean en un sendero de modalismos imposible de anticipar, como si su voz fuera el cordón de un collar hecho de piedras preciosas. Pero en definitiva, todo eso termina siendo secundario cuando se logra apreciar esta grabación como el gesto de vanguardia que fue, uno que sigue vigente.

Si aún no escuchaste “Artaud”, bueno, tenés que hacerlo. Lo antes posible.

 

¡Que sea rock!

 

Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

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