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“A bigger bang”: nada mejor que insistir en ser uno mismo.

“A bigger bang”: nada mejor que insistir en ser uno mismo.

febrero 11, 2016

Seguimos en plena #StonesManía, contando las horas para el último de esta fenomenal tríada de shows. Hasta ahora podemos decir que hemos visto a los Stones en envidiable forma: nadie puede negar que se los ve prácticamente iguales que en los últimos cincuenta años. El despliegue físico que demanda una performance como las que están ofreciendo en esta gira es abrumador, y luego de más de dos horas ininterrumpidas de hits —inauguradas cada noche con “Jumpin’ Jack Flash”, ni más ni menos—, ver cómo Jagger sigue tirando toda una panoplia de esos pasitos que lo eternizaron, es, por lo menos, sorprendente. Casi un truco de Copperfield.

Cada miembro del cuarteto tiene su parte en el colorido espectáculo, en especial el Pirata del Caribe Keith Richards, ovacionado por los más de 50.000 espectadores que colmaron el Estadio Único Ciudad de La Plata. Esta admiración especial del público argento por él puede tener su raíz en su visita el país en 1992 durante la gira de presentación de su álbum solista “Main Offender”, antes de que la banda completa viniera por primera vez a estas tierras.

Por otro lado, son ineludibles la gracia, el gusto y la solvencia con las que Ron Wood —el “Loco de la Guitarra”, según lo definió Jagger al presentarlo— riffea y solea, desgranando esos sentidos sonidos de la enorme cantidad de guitarras que desfilan entre sus manos.

Y Charlie Watts, siempre sólido en el fondo del escenario, vestido de forma mucho menos ostentosa que sus compañeros de grupo, igual brilla gracias al particular groove con el que toca la batería, ese estilo único que ya lo hizo inmortal.

En cuanto al set list del show, bueno, ya dijimos que se trata de un repaso de éxitos de toda su carrera, lo que no es moco de pavo. El concierto es una catarata de hits. Destacaron la versión extendida de “(I Can’t Get No) Satisfaction”; “Angie”, para el momento romántico de la noche, “Paint It black”, el único tema rocker de los Stones construido en modo menor armónico, lo que le da ese aire medio flamenco, medio latino, a la melodía tan célebre de la guitarra; y las tres últimas canciones del show: “Start Me Up”, “Brown Sugar” y “Simpathy For The Devil”.

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Aún nos queda una fecha para seguir sorprendiéndonos… Pero volvamos al repaso de discos de sus Majestades Satánicas.

Hoy elegí “A bigger bang”, el último disco de estudio de la agrupación. Y lo elegí porque refuerza el concepto de “vuelta a las raíces” que Don Was —productor de la banda— introdujo en “Voodoo Lounge” —del cual hablamos en la nota anterior—, aún sabiendo que Mick Jagger quería un sonido más contemporáneo, aggiornado y acorde con los tiempos que corrían, algo a lo que se había acercado la estética variopinta y menos pareja de “Bridges to Babylon” (el disco que media entre “Voodoo Lounge” y “A bigger bang”.)

Este último disco del cuarteto se ha comparado a algunos de los mejores álbumes de su producción, como “Tatoo You” y “Some Girls”. Y fue alabado, precisamente, porque en él deciden retornar a las raíces del R&B y el blues. Se trata de un disco en el que intentan ser son más Stones que nunca, algo que fue muy celebrado por la crítica y los fans. El disco fue grabado en su mayor parte en La Fourchette, el château del siglo XVI de Mick Jagger. (Algo similar a lo que ocurrió con la grabación del disco doble “Exile on Main St.”, de 1972, que se grabó en la casa de Richards, también en Francia.) Las sesiones tuvieron algunas interrupciones debido al cáncer de garganta de Charlie Watts, aunque luego de su recuperación el proceso se reanudó, alternando La Fourchette con la otra residencia de Jagger en San Vicente, en el Mar Caribe.

Con dieciséis tracks, este disco es el más largo de los Stones desde “Exile on Main St.”. Los temas que más alto picaron en los charts son “Streets of Love” y “Rough Justice”. Sorprenden “I Won’t Take Long”, por su estilo funk/disco, que remite al famoso “Miss You” de “Some Girls”; el candor de la balada “Biggest Mistake”, cantada por Richards; la cadenciosa “Dangerous Beauty”; y “Sweet Neo Con”, con su ritmo tan pegadizo. En general, todo el disco rezuma sonido Stone por dónde se lo apriete; los riffs de las guitarras afiladas son típicos de los Rolling, y la armónica de Jagger suena como en sus mejores momentos.

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En definitiva, se trata de un álbum en el que queda demostrado que, para que una banda de larga trayectoria pueda hacer frente a las nuevas tendencias, no hay nada mejor que insistir en ser uno mismo.

 

¡Que sea rock!

Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

 

 

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