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Black Sabbath y el día en el que el jazz le dio una mano al heavy metal.

Black Sabbath y el día en el que el jazz le dio una mano al heavy metal.

septiembre 23, 2015

Baste el título de la nota de hoy para saber que nos vamos a meter con una de esas bandas que cambiaron la historia del rock. En 1968 se editaba el segundo disco de Pink Floyd —y último con Syd Barret a la cabeza de la agrupación—, “A Saucerful of Secrets”; y los Beatles comenzaban a transitar sus últimos seis discos con “Lady Madonna”: la escena británica flotaba en los ensueños de la psicodelia.

Pero ese mismo año, Tony Iommi, Ozzy Osbourne, Geezer Butler y Bill Ward tenían una idea diferente de la música y planeaban la forma de plasmarla. De esa aventura nació Black Sabbath, la banda que sería el pilar fundacional de un incipiente subgénero del rock: el heavy metal. Desde luego que ellos cuatro —los “Cuatro de Birmingham”, podríamos llamarles, para hacer el parangón con los Cuatro de Liverpool, ya mencionados— también recogieron las postas que otros (como Cream Vanilla Fudge, y más tarde, Deep Purple y Led Zeppelin) entregaron para que hoy disfrutemos de nuestro bien amado heavy.

Haber iniciado un sonido nuevo que sigue vigente hasta hoy es de por sí suficiente medalla de la que jactarse. Pero Sabbath no es sólo eso. Ellos configuraron gran parte de la estética del heavy metal, y delinearon su temática, utilizando las ciencias ocultas y el esoterismo como fuente recurrente de sus letras. Y además de eso, también se los considera como los originadores del stoner rock.

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Han vendido más de 75 millones de discos en todo el mundo… Una pavadita, ¿no? Y por supuesto, como suele pasar con todas las grandes bandas, su historia está llena de reveses y sorpresas, siendo numerosos los músicos que han formado parte de su vida y que han dejado su marca particular en la mitología y el legado de la agrupación.

Pero hoy no quiero adentrarme en los ricos detalles de la historia de este enorme grupo. (Lo cual implica una promesa de escribir más notas sobre los Cuatro de Birmingham. Yo solo me meto en estos berenjenales… Pero Sabbath lo amerita.)

Mi foco hoy estará sobre Tony Iommi, un guitarrista que desde la simpleza originó una nueva forma de componer y presentar un riff en una canción, el creador de un estilo que hoy sigue despertando admiración e inspirando a miles de guitarristas en todo el mundo.

Lo interesante es que parte de este sonido tan particular nació por necesidad. En 1966, Iommi se accidentó trabajando como operario en una fábrica metalúrgica, ocasión en la que perdió las puntas de dos de los dedos de la mano derecha —recordemos que él es zurdo, o sea que pisa las cuerdas con la mano derecha—. Esto hizo que estuviera a punto de decidir abandonar sus sueños respecto de una carrera musical. Pero siguió adelante gracias a un amigo —al que le debemos mucho—, quien le sugirió escuchar al famoso guitarrista de jazz Django Reinhardt. A Django dos dedos le habían quedado inutilizados debido a un incendio, una situación que no le impidió convertirse en uno de los guitarristas de jazz más influyentes, merced al esfuerzo y la dedicación. Y su historia sirvió de inspiración a Tony, que se propuso diseñar unos dedales de plástico y cuero para sustituir los fragmentos de la primera falange y las yemas que le faltaban. A fin de favorecer el uso de las prótesis, experimentó con afinaciones más graves y cuerdas de menor calibre. De modo que parte del sonido oscuro de Sabbath nació a causa del intento de un hombre de sobreponerse a la dificultad que le impedía convertirse en un gran guitarrista, aquéllo para lo que estaba destinado desde su nacimiento.

Me gusta pensar en el jazz “dando una mano” al heavy, en el consejo de alguien que desea el bien de su amigo, y en la capacidad que tenemos los seres humanos de salir adelante frente a cualquier situación con tal de seguir persiguiendo nuestros sueños. Si Django y Tony pudieron, ¿por qué vos no?

 

¡Que sea Rock!

 

Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

 

 

 

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