Blog

Ultimas notas
Catupecu Machu en el Movistar Free Music: la mística de la pasión

Catupecu Machu en el Movistar Free Music: la mística de la pasión

marzo 13, 2015

El domingo 1 de marzo, Catupecu Machu —también parte de la familia de Honky Tonk— sacudió el escenario principal del Movistar Free Music, justo antes de que apareciera sobre él la leyenda viva: Ringo Starr, junto a su All-Starr Band.

No hay mucho que uno pueda agregar a todo la que ya se conoce de las performances de esta agrupación argentina oriunda de Villa Luro, cuyos orígenes se remontan a 1994. Uno sabe que darán todo, como si se tratara del último show de sus vidas. Sin embargo, sigue siendo sorprendente volver a ver ese despliegue de entusiasmo extremo, que se monta sobre los acordes y las melodías para atravesar al público. Imagínense —les digo a los que no tuvieron la dicha de estar en la última edición del MFM— cuánta más energía volcaron los Catupecu al saber que estaban teloneando a un Beatle. “Tenemos una lista de músicos con los que siempre quisimos tocar. Sueños que alimentamos desde siempre. Hoy se cumple uno más: tocar con un Beatle. Palabras más, palabras menos, así lo expresó Fernando Ruiz Díaz, el carismático frontman y fundador de la banda cuyo sonoro nombre alude a un bestia imaginaria, creada por él mucho antes de pensar siquiera en formar el grupo, en su época de estudiante.

Pero, además del plus que significó acompañar a Ringo, Catupecu le sumó a su actuación la inercia del show que dieron en Paraguay —país en el que tienen miles de fieles seguidores, y al que les gusta mucho ir a tocar—, inercia que los hizo aterrizar en el Planetario horas antes de subir al escenario del MFM.

Y esto es mucho decir, porque los extenuados miembros del grupo (Agustín Rocino en batería, Martín “Macabré” González en teclados y Sebastián Cáceres en bajo, quienes acompañan al ya mencionado Fernando), habían estado más de 48 horas sin dormir. “De ninguna forma nos íbamos a perder esto”, le dijo Fernando al equipo de Honky Tonk después del show, ya en el camerino.

11026110_943344232365065_3536328182125304022_o

Y sí, la mística de verdad, ésa que transforma en legendarias a las bandas, no se fundamenta sólo en la estética, o en un discurso aprendido de memoria para soltar sobre el escenario o frente a las cámaras. Tiene que haber una raíz más profunda. Una cuestión casi filosófica, una forma de ver el mundo. Existe una palabra para esto que estoy tratando de decir: cosmovisión. Catupecu la tiene, por supuesto. Y vaya si la tiene. Toda la letrística de sus canciones destila esa postura apasionada frente a la vida, una posición que es capaz de hacer que aquél que la sustenta pueda sortear cualquier dificultad, por terrible que sea. (Que seguramente es la misma potencia que les ayudó a superar el lamentable accidente automovilístico del bajista, vocalista, tecladista y productor Gabriel Ruíz Díaz, también fundador de la banda, sufrido en el año 2006.)

Y esta mística de la pasión se vio en el setlist del show, que recorrió gran parte de su discografía. Los momentos más sublimes estuvieron marcados por “A veces vuelvo”, que la gente cantó a viva voz; “Persiana americana”,  de los Soda, en una excelente versión que contó con la magistral participación en bajo de Leandro Spatolla, de Sick Porky; y la más psicodélica versión de “Across the Universe” que escuché en mi vida: la batería haciendo un pattern que emulaba un loop de caja de ritmos, los teclados de Macabré, de los que fluían los soundscapes más alucinantes, la ausencia del bajo, la voz visceral de Fernando y los drones de Movistar haciendo vuelos rasantes sobre las cabezas del público, con la silueta del Planetario recortada contra el cielo del atardecer… Una postal digna de la bestia Catupecu.

1799190_943345292364959_5662765055371957776_o

En ese momento mágico, en el que Fernando, haciendo las veces de médium, invocaba a Cerati y luego a Ringo Bonavena —“Seguro que por acá también anda revoloteando el otro Ringo, el querido Bonavena”—, recordé mi primer acercamiento a la agrupación, a través del disco “Cuadros dentro de cuadros”, que compré en un parador en la ruta, yendo a La Pampa. Escuchar ese disco durante el viaje fue una experiencia que aún hoy sigue vívida en mi memoria, porque de entrada, ya en la primera canción —“Origen extremo”— supe que la música de los Catupecu era diferente a todo lo que había escuchado en el rock nacional. Había otra propuesta, igual de jugada que en cualquier álbum de rock, pero, en lo músical, estéticamente revulsiva, provocadora. Imposible permanecer indiferente a ese disco una vez que lo escuchaste. Catupecu te desafía con su música-pasión. O la tomas o la dejás, pero el “no sabe/no contesta” no es posible con ellos. Y lograr eso en el oyente es una enorme virtud.

Luego del show, encontrarnos con ellos en el camerino fue un bonus, porque a pesar del cansancio acumulado, fueron más que amables, compartiendo anécdotas muy divertidas.

En fin, Catupecu fue un condimento muy importante en esa velada histórica.

¡Que sea rock!

Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.
Sanzho Zho – Fotógrafo.

Author: