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Claudio O’Connor: semblanza de uno de los mayores exponentes del heavy argentino.

Claudio O’Connor: semblanza de uno de los mayores exponentes del heavy argentino.

octubre 19, 2015

Allá por 1984, apenas salido el país de la última dictadura militar, el rock pesado —que había sobrevivido de manera subterránea—, empezaba a asomar su cabeza a través de cientos de bandas, propias de la capital y también del Gran Buenos Aires. Una de ellas, Horse Power, se encontraba en el período de metamorfosis inicial de todo proyecto, y en medio de ese vaivén, su guitarrista —y luego bajista—, Walter Armada, convocó a una joven promesa: el llavallolense Claudio Alberto Castro, que más tarde sería conocido como Claudio O’Connor. Con ésta y algunas inclusiones más, la banda pasó a llamarse Mark I, agrupación que realizó numerosos shows —cerca de treinta— y, antes de disolverse, en 1987, grabó dos demos con un total de seis canciones, entre las que se destacan “El traidor” y “Tierra marginal”.

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Simultáneamente a esta culminación, también ocurrió la de una de las bandas fundacionales del metal argento: la legendaria V8. La separación de V8 fue la raíz de la cual surgieron los cuatro troncos fundacionales del heavy metal argento, debido al deseo de todos los músicos que formaron parte de sus filas de seguir generando cosas nuevas: Alberto Zamarbide, Adrián Cenci y Miguel Roldán crean Logos; Walter Giardino y Gustavo Rowek hacen lo propio con Rata Blanca; Osvaldo Civile funda Horcas y —la historia que nos convoca hoy—, Ricardo Iorio da a luz Hermética, banda en la que, gracias a la recomendación de su baterista, Fabián Spataro —ex miembro de Mark I— comienza a cantar Claudio O’Connor.

Así, en retrospectiva, es muy fácil ver cómo se eslabonó la secuencia de causas y efectos, pero traten de imaginarse cuán convulsivo resultó para los protagonistas ese tiempo de uniones y desencuentros, marchas y contramarchas. Sin embargo, en este zarandeo de decisiones acertadas o no, se forjaba la historia grande del rock pesado en nuestro país.

Claudio fue la voz de Hermética durante toda la existencia de la mítica agrupación, una de las primeras de thrash metal en nuestro suelo, cuya formación se completó con Antonio Romano en la guitarra. El primer álbum del grupo, de título homónimo, se editó a fines de 1989, con Tony Scotto en lugar de Spataro. Más tarde, en 1991, ya con Strunz en lugar de Scotto, sacaron “Ácido Argentino” —al álbum más exitoso de “la H”—, y telonearon a Mötorhead y a Black Sabbath, ni más ni menos. Finalmente, en 1994, durante pleno auge de la banda, se separan, no sin antes haber conseguido un Disco de Oro con “Víctimas del vaciamiento”, su último álbum, que hace una fuerte denuncia sociopolítica del momento que atravesaba el país, anticipando el discurso que asumirían otras agrupaciones en sus obras (del que es muestra la canción de Las manos de Filippi, “Señor Cobranza”, que popularizarían más tarde los Bersuit Vergarabat, y no sin entrar en conflicto con Las manos…)

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Luego de la disolución de Hermética, Claudio O’Connor decide que es hora de comenzar algo nuevo. Así, él Romano y Strunz reclutan al bajista Karlos Cuadrado y fundan Malón, banda a la cual sólo le bastaron tres años de vida y dos discos (“Espíritu combativo” y “Justicia y resistencia”) para convertirse en otra de las agrupaciones emblemáticas del heavy nacional. En el año 1998, una vez disuelto Malón, Claudio, decide emprender su proyecto más personal, O’Connor, junto a Hernán García. Y nuevamente tenemos al llavallolense iniciando algo que daría qué hablar. O’Connor se ha transformado, con el pasar de los años, en otra banda de culto del heavy y el hard rock de la escena argentina.

Con una docena de discos en su haber, “la Bestia” es una de las pocas bandas del género con una discografía tan extensa, fruto del trabajo perseverante y apasionado.

En el 2011 se anunció el esperado regreso de Malón, noticia que impactó no sólo por el retorno en sí, sino también por marcar el principio de su co-existencia junto a O’Connor, convirtiendo así a Claudio en un frontman ambivalente (Aunque él, como dice en la entrevista que le hicimos en marzo de este año y que podés leer aquí, es el mismo personaje, a veces con luces azules, a veces con luces rojas.)

Y esto es sólo un apretado resumen de la inquieta carrera de Claudio O’Connor, el hombre que supo poner el decir de muchos en sus letras —a pesar de que asegure que cada quién entiende lo que quiere al escuchar una canción—; un tipo que está convencido de que el pasado y el futuro se construyen con el presente; un músico para admirar, sin duda.

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No quiero terminar esta entrada sin recordar cómo la empecé. De Llavallol son oriundos algunos de mis mejores amigos: Diego, Mariano y Gastón Benetton, con quienes, siendo adolescentes, mi hermano y yo despuntábamos el vicio: todos éramos comiqueros, cinéfilos y metaleros. Yo fui testigo de cómo, junto a otros ‘héroes’, Claudio O’Connor, despertó en Mariano y Gastón el deseo de armar su propio proyecto, entonces llamado Abipón, y hoy día, denominado Hierro Mata, una banda del under de Zona Sur del Gran Buenos Aires. Estoy convencido de que es enorme la cantidad de músicos que han sido inspirados por el Claudio, el modelo de la nueva colección de Honky Tonk.

 

¡Que sea Rock!

 

Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

 

 

 

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