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Cómo nacieron los himnos del rock: “Dust in the wind”, de Kansas.

Cómo nacieron los himnos del rock: “Dust in the wind”, de Kansas.

julio 2, 2019

Los seguidores del #blogrocker de Honky Tonk saben que con frecuencia escribo acerca del origen de esas canciones que se nos grabaron a fuego en la cabeza y el corazón. Hoy tengo muchas ganas de hablar de “Dust in the Wind”, la canción más famosa del grupo de prog rock Kansas, y, de hecho, una de las baladas acústicas más célebres de todos los tiempos.

“Dust in the Wind” es el séptimo track del disco “Point of Know Return”, quinto de la discografía de la agrupación norteamericana formada en 1970. Y cuando uno se pone a escuchar este álbum, bien eléctrico, pleno de progresiones armónicas, constantes cambios en el tempo y los patrones rítmicos, intercambio modal y un barroquismo calculado pero intenso, lo primero que se pregunta es cómo una canción tan sencilla, casi minimalista, entró en el track list.

La duda también asaltó a Kerry Livgren, guitarrista del grupo y autor del tema. Más de una vez, él ha contado que creía que la canción no era propia del estilo de Kansas. Casi al término de las sesiones de grabación de “Point of Know Return” sus compañeros le preguntaron si tenía más canciones para mostrar, a lo que Livgren respondió que sí, pero que se trataba de una composición que no encajaba con el sonido de la banda. Incluso, la discusión que surgió al respecto devino en una pelea —según sus propias palabras—, una de la que, afortunadamente, salió perdiendo. La canción se grabó y terminó siendo el éxito más grande la historia del grupo, seguida de cerca por otros hits, como “Carry On Wayward Son” (también escrita por Livgren, perteneciente al álbum anterior, “Leftoverture”, de 1976).

Ha sido versionada numerosas veces, por artistas como Cat Stevens, The Moody Blues, Metalium, Sarah Brightman, Scorpions y The Eagles, entre tantos otros. Alcanzó el sexto lugar en las listas del Billboard Hot 100 y en USA fue certificado como Sencillo de Oro. Hoy, después de cuarenta y dos años, esta canción sigue siendo pasada en radios del todo el mundo, considerada como un exitoso cruce de diversos géneros: folk, country rock, world music y prog rock.

La cuestión es que esta hermosísima composición podría no haber nacido. El multi-instrumentista y compositor Kerry Livgren relata que en cierta ocasión estaba tratando de mejorar su técnica de fingerpicking en la guitarra acústica. (El fingerpicking es una forma de ejecución que incluye el empleo de los dedos y la púa en forma simultánea: en ella, esta última es usada entre los dedos pulgar e índice para tocar los bajos, mientras que los dedos restantes pulsan las tres o cuatro primeras cuerdas de la guitarra). Y dice que decidió usar esta secuencia de acordes para ejercitarse: C y Am (DO y LA menor), la cadencia que terminó siendo la intro de “Dust in the Wind”. Cuando su esposa escuchó su “ejercicio” le dijo que tenía que transformarlo en canción: “Eso suena bastante bien, deberías ponerle letra a esa melodía”. Él le respondió que no, que solo estaba tratando de aprender la técnica antes mencionada. Pero ella insistió: “No, no, eso suena bastante bien, no te vayas a olvidar de la melodía”. Livgren asegura que ella se empecinó a tal punto que no le quedó más remedio que hacerle caso.

(A propósito de la introducción de esta balada… En ella hay un detalle que revela el amor de Livgren por el prog: mientras que el arpegio está en 4/4 y consta de dos acordes, la melodía apenas insinuada en él está construida con tres notas —C, B y D—, y esta es tocada en un loop que no cesa. De esta manera el acompañamiento armónico, que tiene tiempos pares, y la melodía, que los tiene impares, se hallan desacompasados. Estas sutiles polirritmias son muy comunes en el prog rock. Tal vez Livgren quería que el tema tuviera algún punto de conexión —desde lo estilístico— con el disco en el que sería incluido).

Una vez convencido, a Livgren sólo le quedaba escribir la letra, algo que, cuando ya se tiene toda la música hecha, suele ser una tarea complicada. El guitarrista afirma que la inspiración vino cuando estaba leyendo un libro de poemas de los pueblos originarios de su país. Así lo cuenta él: “Llegué a un verso en el que un indio decía ‘For all we are is dust in the wind’, y pensé que es cierto. Aquí estoy; tengo fama, posesiones materiales y una meta que he logrado concretar hasta cierto punto, pero volveré a la tierra. Y ¿qué significa toda esta vida a la luz de eso? Ese es el mensaje de la canción, pero lo sorprendente fue que tantas personas se identificaran con él a pesar de su aparente pesimismo.”

La frutilla en el arreglo de la canción es el interludio, que contiene la memorable melodía del violín de Robby Steinhardt, otro de los rasgos distintivos de este hit.

La historia de “Dust in the Wind” corrobora que los creadores a veces no sabemos percibir cuándo estamos dando a luz una obra maestra. Por eso hay que aprender a no autocensurarnos, a dar crédito a todas las ideas y dejarlas crecer y desarrollarse para ver qué sucede.

Y, sin duda, siempre estaremos en deuda con la esposa de Kerry Livgren.

¡Que sea rock!

Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

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