Blog

Ultimas notas
Cuando el rock se vuelve Mito

Cuando el rock se vuelve Mito

agosto 21, 2015

En mi primer empleo, en el que me desempeñaba como data entry en el Departamento de Contaduría de la Asociación Obrera Textil, conocí a Gustavo, otro empleado, que trabajaba en la Imprenta, y cuya función principal era la de sacar las miles de fotocopias diarias que necesitaba un sindicato para funcionar en esa época. Gustavo fue uno de mis “music-providers”, alguien que me hizo escuchar por primera vez a muchas de las grandes bandas de la historia del rock. Así que, a mis 18 años, yo ya tenía un gurú musical.

Uno de los arcanos sonidos en los que me inició fue el de The Doors, abriéndome de ese modo “Las Puertas de la Percepción”, una escucha que fue debidamente condimentada con las lecturas de William Blake, Friedrich Nietzsche —en dosis pequeñas—, y “Las enseñanzas de Don Juan”, de Carlos Castañeda. Menudo cóctel para una mente adolescente ávida de cosas nuevas…

(Lamento decepcionarlos si digo que nunca consumí drogas…)

Y sin embargo, no me hicieron falta para darme cuenta de que The Doors fue una de esas bandas que demostraron que el rock puede transformarse en algo mítico. Nadie pudo entrever la trascendencia que tendría esta agrupación cuando Jim Morrison y Ray Manzarek se encontraron en la playa de Venice, California, en 1964. Bastó con que este último insistiera en que Jim intentara ponerle melodía a uno de sus poemas para que empezaran a lubricarse las bisagras de las Puertas de la Percepción
Los Doors conjuraron una ecléctica mezcla en la que se combinaban el concepto pop de la época —por cierto, muy distinto de lo que hoy entendemos por ‘pop’—, una furiosa medida de blues y hard rock, y ciertos toques de música latina y flamenco. Y sobre esta rica textura, flotó la poesía de Morrison, teñida de la más intensa experiencia psicodélica, el nihilismo de Nietzsche y la sombra de William Blake. Una poesía que no escatimó en imágenes surrealistas y metáforas derivadas del psicoanálisis. (Por ejemplo, el rasgo edípico que se muestra en “The End”: en la presentación de esa canción, que en sí constituye toda una puesta teatral, el 21 de agosto de 1966, en el club “Whisky a Go Go”, la banda bajó del escenario en medio de un accidentado final debido a las exclamaciones de Morrison: “Father? Yes son? I want to kill you”. “Mother? I want to fuck you”. De allí en más, la transgresión y el exhibicionismo pasarían a formar parte de las performances de Morrison, casi como una herramienta artística de provocación, lo que le valdría varias encarcelaciones y aumentaría la fama de la banda.)

Sus discos (“The Doors”, “Morrison Hotel”, “L.A. Woman”, sólo para citar algunos) son inolvidables, y luego de tener certificadas más de 100 millones de ventas en todo el mundo, hoy es innegable el legado que esta banda le ha dejado al rock.

Y como si todo esto fuera poco, la de Morrison es otra de esas muertes indescifrables y misteriosas del rock, una más en el famoso “Club de los 27” —en el que todos sus “miembros” fueron artistas de la música que murieron de una u otra forma a los 27 años—. Definitivamente, la historia de los Doors tiene todos los elementos necesarios para convertirse en un mito moderno. (Y así lo intentó plasmar el director Oliver Stone, con mayor o menor éxito.)

Desde ya que esta nota sólo cumple la función de introducirnos al mundo de los Doors. Prometo que les dedicaremos varias entradas en el blog de Honky Tonk. Stay tuned!

 

¡Que sea Rock!

 

Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

 

 

Author: