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Cuarenta y siete años de “Angie”.

Cuarenta y siete años de “Angie”.

septiembre 7, 2019

El pasado 31 de agosto se cumplieron 46 años del lanzamiento de “Goats Head Soup”, undécimo álbum de estudio en el Reino Unido y decimotercero en los Estados Unidos de los Rolling Stones. Como no podía ser de otra forma, en el #blogrocker de Honky Tonk teníamos que hacer nuestro homenaje.

Para hablar de este disco, primero pongámonos en contexto: los Stones hicieron este álbum en la culminación de una escalada creativa que comenzó con “Their Satanic Majesties Request” (1967) y siguió con “Beggars Banquet” (1968), “Let It Bleed” (1969), “Sticky Fingers” (1971) y “Exile on Main St.” (1972). Menos el primero de la lista, todos —incluido el disco que es tema de esta nota— fueron producidos por Jimmy Miller, el productor yanqui que tal vez supo plasmar mejor que nadie el eterno romance de los Stones con el blues del Delta y el american rock. (Claro, también está Don Was, quien combinó exitosamente el sonido tradicional de la banda con la modernidad, pero creo que sólo Miller consiguió llegar hasta el hueso de la música de los Stones). “Their Satanic Majesties Request” fue la primera grabación que la banda produjo sola: el productor inglés Andrew Loog Oldham se había cansado de lidiar con el grave problema de adicción a las drogas que minaba la atención de los Stones, y después de “Between the Buttons” (1967), los abandonó.

Keith Richards, Jimmy Miller y Mick Jagger

Pero, antes de meternos de lleno en “Goats Head Soup”, hay que señalar que el psicodélico, incomprendido y controversial “Their Satanic…”una bisagra insoslayable en la historia de los Stones—, además de dar comienzo a una etapa muy productiva y célebre, signó su época más trágica. Para empezar, fue la última grabación del guitarrista fundador Brian Jones, el Stone rubio, que murió a los 27 años en circunstancias que todavía no han sido dilucidadas (otra víctima del fatídico Club de los 27: Jones es el segundo músico famoso en esta lista macabra). Unos meses antes, Jagger, Richards y Watts le habían comunicado que no iba a pertenecer más al grupo. Y como si esto fuera poco, su novia, la modelo, diseñadora y actriz Anita Pallenberg —la groupie que terminó siendo conocida como la sexta Stone, fallecida hace dos años— lo había dejado por Keith Richards (con quien se casó luego, justo antes de comenzar las sesiones de “Goats Head Soup”).

Brian Jones

Otra de las desdichas ocurridas a causa de, si se quiere, la inercia del rollo maldito de “Their Satanic…” fue el allanamiento de la casa de Jamaica del matrimonio RichardsPallenberg: la policía había acudido por una denuncia de los vecinos respecto del constante escándalo provocado en las fiestas que se celebraban en la vivienda y, al hallar drogas, decidieron encarcelar a sus ocupantes. La cuestión es que Richards estaba ausente en ese momento, y Pallenberg terminó detenida en una prisión jamaicana, en la que, según el libro autobiográfico del asistente personal del guitarrista, Tony Sánchez, fue violada por oficiales y reclusos. También al decir de su asistente, Richards tuvo que pagar un soborno para que liberaran a su esposa. Esta terrible historia siempre fue negada por Keith, pero no deja de ser plausible. (De hecho, y para remarcar el tenor infausto de la estancia de los Stones en Jamaica, la esposa de Bill Wyman también fue vejada en el hotel en el que se alojaba).

Bill Wyman

La cuestión es que los Stones habían decidido mudarse a Jamaica porque no les quedaba otra: en ese momento muy pocos países estaban dispuestos a expedirle el visado necesario a varios de los miembros de la banda para permitirles asentarse y grabar su siguiente disco. Regresar al Reino Unido no era posible: justamente habían grabado “Exile On Main St.”, en Francia a causa de la deuda que habían contraído con el fisco inglés. Pero el territorio francés tampoco era una opción, ya que pendía sobre el guitarrista una orden de detención —como supondrán, Richards era el más fichado— por tenencia y tráfico de drogas.

La banda barajó las dos posibilidades más auspiciosas: ir a Suiza —sitio en el que Richards había vivido un tiempo, pero el cual abandonó finalmente por considerarlo muy aburrido— o a Jamaica, que ofrecía un clima caribeño y mucha marihuana gratuita que crecía salvaje en la isla como el césped. Además hay que apuntar que Richards comenzaba a interesarse por el reggae, del que llegó a decir que era “el nuevo blues.

Así las cosas, en noviembre de 1972 la banda se metió en los estudios Dynamic Sound, de Kingston, y la primera canción del nuevo proyecto que se grabó fue “Winter”. “Goats Head Soup” significó un volantazo respecto del sonido de “Exile on Main St.”, mucho más “desprolijo”. La nueva producción —que sería el último trabajo del ya mencionado Jimmy Miller con los Stones, porque había desarrollado una tremenda adicción a las drogas durante sus alocados años con ellos— buscó inscribirse en la onda de ese tiempo, en la que primaba el resurgimiento del soul y la aparición del funk. Los músicos sesionistas que ayudaron a que se lograra este cambio en la propuesta sonora fueron los tecladistas Billy Preston, Ian Stewart y Nicky Hopkins.

Dos detalles curiosos acerca de este disco: su título, “Goats Head Soup”, alude a un plato de la gastronomía jamaicana llamado mannish water, una sopa que consiste en un caldo de cabeza de cabra, incluyendo el cerebro y el corazón del animal, y que en la isla es considerado como una comida afrodisíaca. En segundo lugar, la carátula fue diseñada por Ray Lawrence, empleando una fotografía tomada por David Bailey, amigo de Mick Jagger que venía colaborando con la banda desde 1964. Dicen que Jagger no estaba muy enamorado del concepto de Bailey: ser fotografiado con un velo de gasa rosa envolviéndole la cabeza. (Bailey dijo que quería emular el aspecto de Katharine Hepburn en “The African Queen». Incluso, en el interior del álbum todos los miembros de la banda aparecen ceñidos por un tejido similar).

El tono dominante de “Goats Head Soup”, tanto en lo musical como en lo lírico, es sombrío. Esto se aprecia desde el tema que abre el track list, “Dancing With Mr. D” (el tal señor D. bien podría ser la Parca o el Diablo, vaya uno saber, aunque me inclino por la primera opción: bailar con él seguramente significa la cercanía del fin). En esa canción, la conjugación de la interpretación rabiosa de Jagger, el machaque repetitivo del riff de Richards y el slide de Mick Taylor, resulta densa y oscura. Y esta sensación se reafirma con, por ejemplo, “100 Years Ago”, un funk desenfrenado de letra onírica, que mezcla tintes bellos y funestos por igual, y en el que la coda también se fundamenta sobre la guitarra de Taylor, esta vez con wah-wah (el wah está muy presente en todo el disco). O con la armonía narcótica de “Coming Down Again”, en la que Richards narra, sin pelos en la lengua, cómo son sus breves lapsos de lucidez entre viaje y viaje.

Mick Taylor

Y así podríamos seguir hablando del aspecto melancólico y un tanto crudo del álbum. Pero entre todas sus canciones, una composición se alza brillante y esperanzadora: “Angie”, hecha “a cuatro manos” por los Glimmer Twins (el tándem JaggerRichards), como la mayoría de los hits históricos de los Stones. A pesar de que esta hermosa balada cuenta el desgarrador final de un amor infructuoso (se supone que Jagger se inspiró en su intermitente relación con Marianne Faithfull), su melodía se abrió paso en medio de “Goats Head Soup” para transformarse en una de las canciones más hermosas del rock de todos los tiempos. Para subrayar esta hermosura, la versión grabada cuenta con el piano de Nicky Hopkins y el arreglo de cuerdas de Nicky Harrison.

Marianne Faithfull y Mick Jagger

El origen del título del tema merece un capítulo aparte. Muchos son los rumores que corrieron al respecto: que Jagger dedicó la letra a la esposa de David Bowie en ese momento, Angela; que​ la canción alude a la actriz Angie Dickinson, etc…​ Pero el mismo Jagger ha desmentido todas esas versiones, y Richards afirma que el título y los acordes de la canción los tenía desde un año antes de que fuera grabada. Sin embargo, es llamativo que unos meses después de haber sido compuesta, naciera Dandelion, la hija de Richards y Pallenberg. Y aquí sucedió lo más interesante: debido al carácter religioso de sanatorio en el que vino al mundo, un empleado le agregó un segundo nombre: Angela. No sabemos si este empleado actuó con el consentimiento de sus padres, pero el nombre que ella usa es ése, prefiriéndolo antes que Dandelion. En fin… La cosa es que Richards le había dado título a una balada que parece dedicada a si hija no nata, que incluso podría tildarse de premonitoria, ya que, en el momento de componerla nadie sabía que su segundo retoño habría de llamarse Angie.

Anita Pallenberg y Keith Richards

Como sea, podría pensarse que “Angie”, que ya tiene 47 años de edad desde que fue creada por Richards —la misma edad que Dandelion Angela Richards—, cancela toda la mala vibra que salpicó los años previos de la génesis de “Goats Head Soup”, incluso sabiendo que los Stones no se han destacado por ser los mejores padres.

 ¡Que sea rock!

Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

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