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Diego Mizrahi: “Duro y parejo”.

Diego Mizrahi: “Duro y parejo”.

mayo 29, 2015

Ayer visitó nuestra rock house de Gurruchaga 983, en el barrio porteño de Palermo, el eximio guitarrista Diego Mizrahi, artista que también forma parte de la familia de Honky Tonk. Junto a él pasamos una tarde genial. Estás punto de leer el resultado de la interesante conversación que mantuvimos:

 

Néstor Darío Figueiras: —¡Hola Diego! Un placer tenerte en Honky Tonk. Lo primero que quiero decirte es que lo que más me llama la atención de tu enorme trayectoria es tu vocación “cuasi-docente”: siempre fuiste una especie de “divulgador” de la guitarra, siempre tuviste el deseo de facilitar a los guitarristas principiantes (y no tan principiantes) recursos para seguir creciendo. La enseñanza ha sido una constante en toda tu carrera.

Diego Mizrahi: —Exacto. Es así. Siempre estuvo esa inquietud. Mirá, al principio empezó como la forma de solventar una necesidad económica: dar clases es lo que hacemos muchos de los que nos dedicamos a la música. Para conseguir el sustento haciendo lo que más nos gusta. Pero después dejo de ser una necesidad y se convirtió en algo más orgánico. O mejor dicho, ahora la necesidad no pasa por lo económico, sino por satisfacer el deseo de transmitir y perpetuar el conocimiento de la guitarra. Así que enseñar  me terminó gustando mucho. Busqué diferentes alternativas: primero los libros, luego las video-clínicas, después por medio de la televisión… Y eso es algo que trato de mantener intacto hasta el día de hoy, aunque ahora no es tan fácil… El cúmulo de actividades ya me sacó el tiempo para el contacto directo con el alumno. Lamentablemente ya no puedo. Ni siquiera enseñando de forma personalizada a esos alumnos que son una luz, esos pibes que prometen mucho. No tengo tiempo. Pero sí sigo con las clínicas.

Néstor: —Y la Escuela de Rock.

Diego: —Sí. Yo soy el mentor de ese proyecto que me satisface mucho. Le estoy encima permanentemente, pero ya no doy clases.

Néstor: —Claro. Hay un plantel de docentes.

Diego: —Sí. En realidad, yo doy una clase al mes.

Néstor: —Sería algo así como una clase magistral.

Diego: —Sí. Algo así. Y los profes son de primera. Adrián Subotovsky, por ejemplo. Todos grossos.

Néstor: —Lo interesante es que no te restringiste a un solo formato. Empezaste con los libros (lo cual en su momento fue de avanzada, porque fuiste uno de los pioneros), luego con los videos, lo cual también fue muy innovador… Y todo ese material ha alcanzado y servido, me atrevo a decir, a miles de guitarristas en todas las naciones de América. Se ha ido divulgando y compartiendo. Uno nunca termina de tomar conciencia de los lugares a los que puede llegar aquello que generó. Es como que se remonta, revolotea y puede aterrizar en cualquier sitio. Y dije “todas la naciones de América” porque también estudiaste y diste clases en USA.

Diego: —Sí. Es cierto. También estuve por allí. Y es como vos decís: cuando uno crea algo (un disco, un libro, un ciclo televisivo), al principio se aferra a ello y lo defiende, como si se tratara de su bebé. Pero cuando crece, se hace autónomo y anda por sí solo, y el público es quien decide lo que sucederá con lo que uno hizo, porque ya no es más mío. Hoy, cuando termino de grabar un disco, ya deja de ser mío. Lo mismo me pasó con los libros que escribí. Es que uno lo hace para otros. Ésa es la finalidad. Y hoy, con las redes sociales e Internet, ni hablar… No hay límites. Ya ni sabés dónde puede terminar lo que vos hacés.

Néstor: —Para ir redondeando el ítem de tu faceta de “docente” de la viola, quería preguntarte acerca de la dinámica que escogiste para tus programas de televisión. Siempre me llamó la atención que a tus invitados (porque siempre los ciclos que hiciste se caracterizaron por tener invitados de lujo), tratás de capturarle la esencia musical, el código secreto que le hace funcionar la mente guitarrística. Hay como un deseo, un ansia casi desesperada por extraer sus claves y secretos para poder compartirlos con el público. Y aunque hay algunos violeros que son parcos, a los que les cuesta decir cómo es que hacen lo que hacen, ahí estás vos, con una pinza, para sonsacarles algo

Diego: —Sí, a veces cuesta. Mirá una vez compartí escenario en un festival en USA con Doyle Bramhall, uno de los violeros estrellas de los últimos Crossroads, los festivales de Eric Clapton. Una bestia.

Néstor: —Imagino que fue una experiencia terrible.

Diego: —Sí, total. Fue bárbaro. Pero me llamó la atención que el tipo, que toca muy bien, tiene una cosa medio hermética, como que se guarda todo. Yo soy todo lo contrario. Me brindo, no puedo guardarme nada. Aparte, no inventé la pólvora. Lo poco o mucho que sé, lo doy. Trato de ser un libro abierto. Y en los programas siempre he intentado lograr lo mismo con los invitados. Eso explica mis ansias de “sacarles información”. En el mejor sentido. Me pasó con muchos violeros que a veces les cuesta explicar cuáles son sus métodos: Alambre González, Luis Salinas… Con Luis fue así: el tocaba algo y yo le preguntaba “¿Qué tocaste ahí?”, y él me respondía “No tengo la menor idea”. “Bueno, repetilo”. Y entonces yo lo “decodificaba” para el público. O Giardino, que para mí es un grosso total, pero que no quería tocar si no era con una Fender. Y justo había una Fender en el estudio… (Risas.) Así que no le quedó otra que tocar.

Néstor: —De modo que, además de ser un buen violero, terminaste adquiriendo la cancha necesaria para salir del paso en la tele, como el mejor conductor.

Diego: —Sí, fui aprendiendo a remarla. Me pasa algo interesante. Mi vida cotidiana transcurre normalmente, como la de cualquier persona, incluso medio aletargada. Pero cuando se enciende la luz roja en el estudio y comenzamos a grabar, me activo (en lugar de apichonarme, como le suele pasar a la mayoría.) Se me ocurren ideas para interactuar con el invitado, fluyo, y surgen cosas espontáneas de las cuales hasta yo me sorprendo. Y eso que a veces en el camarín ni nos hablamos con el invitado… Es más, prefiero que sea así, porque si pegamos onda de entrada, por ahí me empieza a contar cosas que después no dice frente a las cámaras, y el público se pierde lo mejor.

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Néstor: —¿Cuáles fueron tus influencias primeras? Me refiero a esos guitarristas que seguro viste de chico y dispararon en vos la pasión por guitarra.

Diego: —Yo me acuerdo que, teniendo 14 años, en el cine Avenida, estaba mirando “La canción sigue siendo la misma” de Zeppelin. Ya perdí la cuenta de las veces que he visto esa película. (Risas.) Yo curtí esos violeros: Page, Blackmore. Escuchaba mucho rock sinfónico, así que también me pegó Steve Howe (de Yes). Más tarde descubrí a Jeff Beck. El día que encontré a Johnny Winter dije “Quiero ser como él”. Y años más tarde pude apreciar a Hendrix, y morí. Al principio no me había gustado, porque venía de un palo muy progre (Yes y Jethro Tull), con arreglos muy rebuscados, una cosa preciosista, y al lado de eso Jimi me pareció ruido. Pero cuando lo entendí… Ahora el prog-rock me parece muy complicado y poco venal. Pero hoy escucho Hendrix y me mata su visceralidad.

Néstor: —El tipo reinventó el concepto de “power-trío”.

Diego: —Y, sí. Clapton lo vio y dijo “Sonamos. Ahora va a haber que tocar de verdad”.

Néstor: —De pronto Cream había quedado obsoleto.

Diego: —Sigo admirando a Hendrix. Igual a esta altura ya no tengo ídolos. Dejé esa cosa fetichista del ‘héroe’. Es el resultado de madurar, creo. ¡O de la vejez! (Risas.) Aparte tengo referentes fuera de la música también. Y ahora estoy recuperando para mí al músico argentino. Pappo a la cabeza, y después Botafogo, Juanse, Skay, el Tano Baccega (de Ella es tan cargosa), etc… Lo que pasa es que los músicos nos tenemos que tirar un centro cada tanto.

Néstor: —De hecho Don Vilanova va a tocar mañana con vos, ¿no?

Diego: —Sí, la Mizrahi Blue Band vuelve a tocar luego de tanto tiempo, y con varios invitados de honor. Y el 17 de julio con Botafogo (Vilanova) vamos a hacer juntos un ND Teatro, cada uno con su banda.

Néstor: —Ya sacaste cuatro o cinco discos como solista, más introspectivos que el material de la Mizrahi Blue Band: “Pampalucha”, “18 kilates”, “Boomerang”, los de versiones… ¿Cómo es el proceso entre disco y disco? Porque pasan años entre un proyecto y otro.

Diego: —Y sí. En el camino quedan temas afuera. Siempre hay más afuera que adentro. Ahora cambié el proceso de elaboración del disco: hago un sencillo, luego le sumo otro, y así hasta poder editar un EP, y luego completo el número de tracks como para editar un disco nuevo. Voy grabando de una las canciones. Y me exijo lograr que haya un concepto en el disco, visible de principio a fin.

Néstor: —Una línea. Que sea una producción coherente y no un cocoliche.

Diego: —Sí. Cuando uno va grabando así, una canción por vez, hay que mantenerse en el concepto, para que el disco no termine siendo un rompecabezas mal armado. Lo que estoy haciendo, desde mi disco “Básico”, es grabar temas cantados. Sí, mantengo esa cuestión introspectiva que vos mencionaste, pero le añadí el formato más tradicional de la canción: intro, estrofa uno, estrofa dos, estribillo, estrofa tres, estribillo, solo, estribillo y chau pinela.

Néstor: —Formato Beatle.

Diego: —Sí. Y empecé a notar un cambio en el público. Antes mis shows eran un enorme solo de viola, y los que venían a escucharme eran todos melenudos como vos. (Risas.) Ahora, que se me está cayendo el pelo (más risas), hice un cambio en el estilo: al haber canciones en mi repertorio, noto que los melenudos vienen con sus novias. Y a veces, hasta las novias vienen solas… Ahora tengo un público heterogéneo. Antes, al terminar el show, me esperaban flacos para preguntarme qué cuerdas uso, cuáles amplis, qué efectos…

Néstor: —Todos nerds de la guitarra.

Diego: —Tal cual. Ahora termina el show, y hay chicas que me preguntan “¿A qué hora terminás? Te espero para tomar algo”. (Risas.)

Néstor: —Cantar garpa más.

Diego: —Y… Es más gratificante, aunque al final no acepte la invitación. (Risas.)

Néstor: —Volviendo al tema de la coherencia en un disco, me imagino que en tu caso debe ser difícil, ya que sos bastante ecléctico: te gustan muchas cosas y tocás de todo.

Diego: —Sí, pero igual trato de mantener el balance. En “Versiones II” grabé temas de Roberto Carlos, de Nino Bravo, “Bésame mucho”, “Mi Buenos Aires querido”… Hice una melange bárbara. Pero lo escuchás y es todo lo mismo: soy yo de principio a fin. Hay un hilo conductor.

Néstor: —Sobre todo porque cuando uno hace un disco así, está mostrando la música que es importante para uno. Uno elige versionar temas que lo marcaron.

Diego: —Claro, porque cuando era chico no escuchaba Hendrix: en la radio pasaban a Roberto Carlos. Así que “Versiones” es como si Satriani tocara una de Roberto Carlos. El disco me dio muchas satisfacciones. En lo artístico sobre todo, porque me desafió a “cantar con la guitarra” melodías reconocibles. Y mañana voy a hacer algunos de estos temas.

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Néstor: —¿Cómo es la dinámica con la Mizrahi Blue Band? Si bien la esencia del grupo sos vos, la interacción con músicos más o menos estables debe generar energías distintas a cuando estás de “solista”.

Diego: —Mirá, en este caso puntual, la Mizrahi se junta después de mucho tiempo (quince años), pero no están todos los miembros originales, así que también hay miembros nuevos. Y estoy entusiasmado, porque la banda suena muy bien. Como que hay un sonido nuevo que se fusiona con el sonido tradicional de la banda. Y yo asumí la organización de todo esto, ya que la cosa venía así, de rejunte. Tenemos una lista de temas genial. Va a ser un gran show.

Néstor: —¡Qué buena noticia lo de las nominaciones al Carlos Gardel! ¿Algún entretelón para contar…?

Diego: —Gracias. Estamos muy contentos. Es la tercera vez que me nominan. Mirá, hace un tiempito empecé a hacer música para televisión, sobre todo a pedido. Ahora estoy nominado por la cortina musical de un programa de Canal A, que se llama “Somos teatro”, conducido por la actriz Jessica Schultz. La noticia me sorprendió. La verdad, no me tenía fe, porque los que uno suponía que iban a estar en la terna son casi imposibles de vencer… De hecho, compito con “Aliados” y “Cumbia Ninja”, dos productos de Sony. Pero pasó algo curioso: este año, los candidatos a los premios Carlos Gardel también son elegidos por los votantes del interior, y no sólo por las compañías discográficas de Buenos Aires. Se abrió el juego. Y eso fue interesante, porque ahí corro con ventaja.

Néstor: —Y sí, porque el artista que se mueve, que toca por todo el país, cosecha la empatía del público. Ya no se trata de un “producto”, sino del artista ahí, sobre el escenario, que vino hasta mi provincia a darme un espectáculo.

Diego: —Totalmente. Y aparte el programa de televisión llega a todos lados.

Néstor: —Claro. Ya tenés tu público.

Diego: —Sí, por suerte. Y estoy muy emocionado. De por sí, estar en la terna, ya es haber ganado. Independientemente del resultado final. (Igual vamos a ver si me desquito del año pasado, que competía contra Violetta, en pleno auge: imaginate, perdí por goleada…) (Risas.)

Néstor: —En este punto de tu carrera, de tu vida, incluso, ¿cómo ves el futuro de tu labor artística? ¿Uno piensa en eso? ¿O va día a día?

Diego: —Muy buena pregunta. Mirá, son las dos cosas: hay que tener el corto plazo bien presente. No podés escapar del día a día. Uno puede trazar un proyecto a diez o quince años, pero tiene que programarse para cada semana. Llevar la agenda bien actualizada. Uno se levanta temprano (por mis hijos, viste cómo es…)

Néstor: —Sí: si sos músico y padre a la vez, te acostás tarde y te levantás temprano. No queda otra.

Diego: —Exacto. Hay que madrugar. Pero bueno, la cosa es que también estoy con mi proyecto a largo plazo: acabo de inaugurar una productora, Polo Audiovisual, con estudio de grabación, isla de edición, camarines, estudio de televisión, etc… Acá cerca, en Palermo Hollywood. Siento que ésta es mi jubilación. Y el proyecto me tiene muy entusiasmado. Me veo produciendo, sobre todo televisión.

Néstor: —A que nunca te imaginaste esto cuando empezaste a tocar la viola. ¿Te ganó la tele?

Diego: —No. Sigo siendo músico de raíz. Es mi esencia. Sólo se trata de mi retiro. El día de mañana mi hijo (que se dedica al Cine y le está yendo bárbaro: el pendejo es un pequeño genio) se hará cargo del negocio y yo me pondré a tocar la viola todos los días. Hoy soy yo el que está detrás del mostrador: tengo más contacto con mi abogado y mi contador que con los músicos. Ahora estoy buscando que mi música sea más popular: lo del rock instrumental era para probarme a mí mismo, para ver hasta dónde podía llegar. Hoy ya no tengo que probarle nada a nadie (incluido yo mismo.) Hoy quiero hacer canciones. Por ejemplo, mi simple “Duro y parejo”, que ya está sonando en las radios, y ya lo usaron como cortina. Y es un tema muy ganchero: a cualquiera le entra un tema en el que decís que hay que darle duro y parejo, que el futuro no está lejos, que a pesar de todo lo que uno vive, lo bueno y lo malo, hay que avanzar hacia luz que brilla adelante, al final del camino. Tiene que ver con el momento que estoy pasando.

Néstor: —Hay mucha expectativa para el show de mañana. La Mizrahi Blue Band, en la Usina del Arte, a las 20.00, y la entrada es gratuita, señores. ¿Nervioso?

Diego: —No. Estamos muy relajados. Lo que sí te puedo confirmar es el vestuario: todo Honky Tonk. (Risas.)

Néstor: —Bueno, Diego. Estamos felices de tenerte como artista de la familia Honky. ¡Mucha merde para mañana!

Diego: —¡Los espero a todos!

 

Y así cerramos esta cordial entrevista a uno de los grandes músicos del rock nacional.

 

Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

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