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Escapar de la jaula oxidada.

Escapar de la jaula oxidada.

mayo 22, 2017

Hay una lección que casi siempre se aprende en la adultez: nada te prepara para la muerte de tus héroes.

Todavía estamos despidiéndonos de Allan Holdsworth y nos enteramos de la desaparición física del magnífico vocalista Chris Cornell, una de las voces emblemáticas del grunge, artífice de dos bandas que marcaron a fuego los últimos cuarenta años: Soundgarden y Audioslave (sin olvidar su participación en la efímera pero brillante Temple of the Dog).

La penosa realidad nos dice que hoy el único frontman icónico del grunge que queda en pie es Eddie Vedder, de Pearl Jam. Andrew Wood fue el primer mártir de la nómina: cantante de Malfunkshun y luego de Mother Love Bone, murió de sobredosis en marzo de 1990, y a causa de ello Cornell, Stone Gossard, Jeff Ament, Eddie Vedder y Mike McCready (los últimos cuatro son los que luego crearían Pearl Jam) formaron Temple of the Dog, a modo de tributo, por lo que Wood podría ser llamado con justicia el motivo de gran parte de la movida grunge. Kurt Cobain fue el segundo en la lista, al suicidarse en abril de 1994. En esta cronología fatal le siguió Shannon Hoon, de Blind Melon: octubre de 1995, por sobredosis de cocaína. Luego, Layne Staley, la incomparable voz de Alice in Chains, en abril de 2002, víctima de una inyección mortífera de ‘speedball’ (cocaína más heroína). En diciembre de 2015 nos dejaba Scott Weiland, de los legendarios Stone Temple Pilots (luego cantante de Velvet Revolver). Y ahora se suma el muy apreciado Chris Cornell, que también decidió romper la jaula oxidada y salir corriendo, como reza el estribillo de “Rusty Cage”, una de las tantas buenas canciones de “Badmotorfinger”, quinta producción de Soundgarden (uno de sus mejores álbumes).

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Y sólo estamos contando a los vocalistas, pero no hay que olvidar a Jonathan Melvoin (The Smashing Pumpkins) y Mike Starr (Alice in Chains), músicos que —al decir de Charly en “Viernes 3 AM”— tampoco “pudieron más y se fueron”. Y con esta cita de Serú Girán quiero decir que hay muchas formas de quitarse la vida….

Esperemos que con la muerte de Cornell —su suicidio es casi una emulación del primer acto de la tragedia grunge, protagonizado por Cobain—, se cierre esta seguidilla de pérdidas prematuras para el rock. La cosa es que hoy, de la llamada “generación maldita del grunge”, el único que queda es Vedder.

La historia de Soundgarden comienza al mismo tiempo que el segundo lustro de los ochentas, momento en que Kim Thayil y Cornell se conocieron. Junto al baterista Matt Cameron y el bajista Hiro Yamamoto (ya empleando el nombre Soundgarden), editaron el single “Screaming Life”, y luego un EP, “Fopp”. Pero sería con “Ultramega OK” —su primer disco, producido por SST Records— que llamarían la atención de la crítica y del público. De allí saltarían directamente a A&M Records, sello con el que grabarían “Louder than Love”.

La partida de Yamamoto permitió una pausa en la cada vez más apretada agenda de la banda. En esta época Cornell llevó a cabo el proyecto Temple of the Dog —el mencionado tributo a Andrew Wood—, y tendría así incidencia directa en el nacimiento de Pearl Jam.

El siguiente trabajo de Soundgarden —ya con Ben Shepherd en el bajo— es “Badmotorfinger”, como afirmé, uno sus mejores discos. Y si me apuran, diré que incluso es mejor que los otros dos grandes álbumes lanzados en 1991: “Nevermind” de Nirvana, y “Ten” de Pearl Jam.

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El plus que tiene este álbum sobre sus competidores —según mi punto de vista, claro— es que no pretende sonar a grunge. Es puro rock duro, sin condimentos, sin las afecciones estéticas de la moda que estaba imponiéndose, y que en los otros trabajos mencionados ya se avistaban, merced a la tarea de los productores. (Lo que no está mal, pues esa es una de las labores del productor: ajustar el concepto sonoro del disco a una tendencia predominante). Pero de alguna manera, el productor Terry Date se las ingenió para que el disco sonara fresco. O sea, menos artificial y más crudo. En sus riffs y pasajes medio stoner se adivina a Led Zeppelin, a Black Sabbath y a Iggy Pop, y parece que la apuesta le salió tan bien a Date y la banda que el álbum fue nominado a los Grammy de 1991, y algunas encuestas lo ponen entre los 100 mejores discos de rock de todos los tiempos.

La consagración definitiva llegaría en 1994 con “Superunknown”, producción que establece una de las cimas creativas más elevadas del grunge y que merece una nota aparte.

Varias de las fechas de la gira de “Superunknown” tuvieron que ser suspendidas debido a una lesión grave en las cuerdas vocales de Cornell. En esta nueva pausa, el vocalista colaboró con Alice Cooper en su disco “Last Temptation”.

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Y así es que en 1996 editan “Down on the Upside”, el último disco de esta primera etapa del grupo, antes de la separación en 1997. La vida continuaría, desde luego. Y afortunadamente, también lo haría la prolífica carrera de Cornell. Luego de más colaboraciones (Screaming Trees, Alice in Chains, etc…), lanzó un disco solista de tono íntimo y melancólico, “Euphoria Morning”, con una agrupación hecha ad hoc: Eleven (compuesta por él, Alain Johannes y Natasha Shneider, ex miembros de Queens of the Stone Age).

Y luego vendría la brillante etapa de Audioslave, que resignificó de alguna forma la trayectoria de este vocalista singular y aportó un aire fresco al rock pesado de principios de siglo. La insólita creatividad del power trío constituido por la sección instrumental de Rage Against the Machine se combinó a la perfección con las dotes compositivas y vocales de Cornell, como quedó demostrado en los tres álbumes que editaron, todos innovadores a su modo.

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Después de la ruptura de Audioslave (2007) pasaría una década más antes del desenlace trágico, en la que Cornell grabó cuatro discos solistas más, todos más o menos parejos, no tan rockeros y con más elementos del pop, grabaciones que recibieron críticas mixtas. Entre ellos se destaca “Songbook Tour”, el recopilatorio de shows semi-acústicos que repasa toda su carrera hasta el momento.

Aparte de seguir colaborando con artistas de la talla de Slash o Santana, y de lograr que muchos de sus temas fueran utilizados para numerosos soundtracks fílmicos, Cornell se hizo el tiempo para reunirse nuevamente con Soundgarden en 2012 y editar un nuevo disco junto a ellos (“King Animal”), y más tarde, volvió a unir fuerzas con sus ex-compañeros de Audioslave, este mismo año, en el concierto de protesta ante la asunción de Donald Trump como presidente de USA.

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En el videoclip del corte de difusión de su último disco solista, “Higher Truth”, —lanzado el septiembre de 2015— puede verse a Cornell actuando, premonitoriamente, como un condenado a la horca. Hace dos días, unos amigos y yo discutíamos si es posible cantar durante mucho tiempo las verdades de uno, ese conjunto de posturas frente a la vida, generalmente nihilistas en el caso de todos los artistas del grunge, si ser afectado. Todo indica que no. Tal vez en la búsqueda de esa ‘verdad superior’, el talentoso Chris Cornell no encontró respuestas satisfactorias.

Hoy nos queda su extensa y rica obra, un legado poderoso. Y su voz potente, inasible. Insoslayable. Aquella voz con la que definitivamente rompió la jaula oxidada que lo encerraba. Adiós por siempre, querido Chris.

¡Que sea rock!
Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

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