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“Flex-Able”: debut del genio de la guitarra posmoderna.

“Flex-Able”: debut del genio de la guitarra posmoderna.

junio 13, 2017

En la entrada del #blogrocker de Honky Tonk de hoy vamos a repasar el disco debut de la carrera solista de Steve Vai, palpitando su presentación en el estadio Luna Park el próximo 15 de junio.

“Flex-able” se grabó entre abril y noviembre de 1983, y salió a la venta en enero de 1984. Desde 1980 y hasta el año 1982 Vai había formado parte de la banda Frank Zappa —para quien previamente había escrito las partituras de sus complejas composiciones—. Él ha contado más de una vez que ahorró toda la plata que ganó durante esos dos años junto a Zappa —unos u$s 14.000— para poder establecer su propio estudio de grabación en una casa situada en cierta callejón que cruza Fellows Avenue, en Sylmar, California. Llamó a su flamante estudio Stucco Blue Studio, lugar en el que “comenzó a hacer todas las tonterías”, según sus palabras. Vai recuerda ese tiempo como una época feliz y llena de amigos y músicos “refugiados y rebeldes” que vivían en su propiedad de Sylmar.

“Flex-able”, es un disco bastante ecléctico, y también diferente en algunos aspectos del resto de las obras de Vai. Se hace patente en él la todavía fresca influencia de Zappa (aunque ésta siguió presente a lo largo de toda su trayectoria, y sobre todo en los últimos trabajos, en los que se adivina que después de una hipérbole de más de treinta años, la vuelta a sus raíces ‘frankzappianas’ es inminente).

Steve Vai

El álbum cimentó algunos de los tópicos rítmicos, melódicos y armónicos que primarían en la producción de este genio de la guitarra eléctrica posmoderna: el uso de compases quebrados, las inversiones de acordes, el empleo del modalismo (sobre todo de modos armónicos olvidados en el rock de la época, como el lidio y el dórico, los que dotan a su música de ese aire ‘oriental’). Y por otro lado, es remarcable el tono humorístico y paródico de su lírica, ya visible desde este disco debut. Por ejemplo, el tema que abre el track list es “Little green man”, una poco radial composición de 5:39 minutos de duración que narra un primer contacto entre humanos y alienígenas, muy en el estilo de la novela “Marciano, vete a casa”, de Fredric Brown. (Es imposible escuchar este tema sin remitirse a los hilarantes discos conceptuales de Devin Townsend sobre su personaje Ziltoid, el Omnisciente, el extraterrestre que viene a la Tierra en busca del mejor café del universo y que promete invadirla si el mismo no le gusta; allí se ve la influencia que Vai ha ejercido sobre este cantante, guitarrista y compositor canadiense, desde que lo convocara para integrar las filas de la banda que grabaría “Sex & Religion”, cuarto álbum de su discografía).

El segundo track es “Viv Woman”, una composición más guitarrística que la anterior, grabada a puro power trio, y que descansa sobre la variación del mismo tema hasta el minuto 2:01, cuando despega hacia otro clima, en el que interviene una sección de brasses como enlace para el solo, desplegado sobre el riff original.

En tercer lugar nos sorprende la canción “Lovers are crazy”, también larga (5:39), cuyas voces siguen en la línea paródica del primer track, y en la que también tenemos brasses y mucha percusión electrónica en los fills.

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El cuarto track es un clásico de Vai, “Salamanders in the Sun”, composición modal que ha sido grabada en una impresionante versión orquestal en Holanda con la Holland Metropole Orchestra, en 2005. Se trata de una bella pieza, rica en texturas percusivas, con pasajes memorables y climas muy sugestivos. Y con una melodía casi de otro mundo, si nos atenemos a los lugares comunes a los que nos tenían acostumbrados los músicos de rock instrumental del momento, especialmente los shredders. (Con el arreglo orquestal de “Salamanders in the Sun” se verifica una constante en la obra de Vai: muchos de sus temas, aunque recargados por los arreglos siempre tendientes al barroquismo, son en realidad sencillas composiciones cuando se las devuelve a la mínima expresión: acordes y melodía. Y sin embargo, esa sencillez es engañosa, porque tales creaciones encriptan una riqueza superlativa a la hora de adornarlas con un nuevo arreglo más ambicioso, como el que sería necesario si se quiere montar una orquesta sobre ellas. Esto demuestra el potencial que encierran la mayoría de los temas de Vai).

Le sigue “The Boy-Girl Song”, un divertido diálogo entre un chico y una chica enamorados que no saben qué hacer con ese amor, cantado encima de una guitarra acústica que cabalga junto con la base rítmica. Y otra vez, el arreglo de brasses que cierra la canción, sumergiéndose en una reverb creciente.

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El sexto track es tal vez la canción más célebre del álbum: “The Attitude Song”, tal vez el primer tema del track list que se acerca a lo que uno espera del disco solista de un guitarrista que tocó con Zappa y estudió con Joe Satriani. Con un inolvidable riff escrito en un compás de 7/4 (que se va entramando sobre la batería en 4/4, en una polirritmia que descoloca pero que no confunde, con los acentos desplazándose), es uno de los covers preferidos de los guitarristas fans de Vai. En ella se aprecia uno de sus vicios recurrentes: acompañar los fills de batería con escalas de guitarra (o viceversa, depende de cómo se mire, o escuche).

Para mí, siempre a partir de este punto, comienza una atmósfera nueva en el disco, más onírica, lo que no tiene que ver necesariamente con el cambio de lado del cassette (claro, sí, soy del ’73: mi primer ejemplar de “Flex-Able” fue un cassette), ya que el lado B (o “Side Able”, mientras que el primero es el “Side Flex”) se inaugura con el tema anterior. El séptimo, que para mí actúa como bisagra en la escucha, es “Call it Sleep”, y constituye el prototipo de muchas baladas instrumentales de Vai, con un tema melódico bien definido en la parte A, desarrollado con una guitarra clean, mientras que en la parte B no sólo el sonido de la viola ‘se pudre’ con la distorsión, sino que también la melodía transita por otros escenarios armónicos, bien diferentes a los de la primera parte. Esta fórmula la repetirá en “For the Love of God” (del disco “Passion & Warfare”) y “Tender Surrender” (el tema de cierre de “Alien Love Secrets”), por sólo citar algunos ejemplos.

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El octavo track es la canción “Junkie”, que es la triste declaración de un adicto que vive en las calles sin otra esperanza que la muerte. Pero esta historia está desgranada a través de una melodía casi épica, lo que vuelve a corroborar la manía de Vai de evitar los lugares comunes. Poco antes de la mitad de la canción, en el minuto 3:01, se da inicio al solo de guitarra, con mucho noise de cuerda y manejo de la melodía a través del tremolo Floyd Rose. Este solo desemboca en un segmento del tema cuasi-reggae, y allí, en el minuto 4:44 aparece un fraseo melódico que ya ha tocado en el cierre de “Little green man”, y que luego volverá a hacer en el desarrollo final del tema “Answers”, del ya citado álbum “Passion & Warfare”, en una suerte de auto-guiño casi literario.

Los temas nueve y diez son piezas que podrían definirse como híbridos entre el noise y la experimentación más acabada: “Bill’s prívate parts” (un pequeño y deslavazado solo de batería) y “Next Stop Earth” (un diálogo entre las bordonas y las primeras cuerdas de la guitarra con distorsión, en el que los fraseos, que no buscan representar notas de la escala —agógicos—, parodian una conversación muy sugestiva).

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Y el cierre de “Flex-Able” viene de la mano de “There’s something Dead in here”, casi un émulo de las elucubraciones más caóticas de King Crimson, llevado adelante sólo por la guitarra (‘multitrackeada’, imitando el estilo sonoro de las armonizaciones de Brian May, pero en clave atonal) y la percusión electrónica.

Hay cuatro versiones diferentes de “Flex-Able” lanzadas en Europa (cada una con pequeñas diferencias en el mastering, que Vai hizo para que los “coleccionistas fanáticos las encontrasen”). Y en la versión de relanzamiento, en 1988, se agregaron cuatro bonus extraídos de “Flex-Able Leftlovers”, segunda producción de Vai.

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Steve Vai dice de este álbum: “Hoy todavía tengo ese pequeño y divertido disco y probablemente he vendido 400.000 unidades de él hasta la fecha. Le doy las gracias por ello.”

Mientras contamos las horas hasta que él pise el escenario del Luna Park, estaría muy bien que revisitemos la ópera prima de este renovador de la guitarra eléctrica moderna.

 

¡Que sea rock!

Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

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