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La habilidad de golpear de entrada.

La habilidad de golpear de entrada.

agosto 12, 2015

El 21 de julio pasado se cumplieron 28 años desde que viera la luz uno de los discos-debut más poderosos: “Appetite for Destruction”, de los Guns N’ Roses. Semejante primer álbum fue la forma en la que la banda oriunda de Hollywood, formada en 1985, se presentó en sociedad, un verdadero tour de force que hoy día es uno de los discos más vendidos de la historia del rock, aclamado por los lectores de la Rolling Stone como uno de los mejores 100 álbumes de la Historia.

Uno suele preguntarse cómo es que se produce este tipo de fenómenos. Y teje conjeturas, como músico, como estudioso del rock y su historia, y también como oyente. Y sobre todo lo hace cuando alguno de los propios creadores de la obra asegura que la misma no es gran cosa, y que podría haber sido algo mucho mejor.

Tal afirmación provino del mismísimo Slash, pilar fundacional del que fuera posiblemente el grupo de hard rock más influyente de la década de los 90’s. Según sus propias palabras —vertidas durante el 25 aniversario del disco, en el año 2012— Appetite no es lo que llamaría un álbum preferido. Es un buen disco pero, para mí, todavía es ese trabajo que hicimos mientras pasaban otras mierdas”.

Recuerdo que yo estaba cursando el primer año del Bachillerato cuando surgió el sonido bestial de esta grabación. En ese momento yo descubría a Pink Floyd, a Queen, a Vangelis, entre tantos otros artistas de los que me iba enamorando, casi todos ellos carentes de ese rock en estado puro, de la fuerza y la garra de un buen riff. Así que no supe apreciar enseguida lo que los Guns habían traído, y no entendía a mis compañeros, quienes enloquecían con el tremebundo “Welcome to the Jungle”. Tuvieron que pasar unos años para que yo pudiera comprender el código del american rock, y entonces sí, me ganó la belleza melódica de “Sweet Child O’ Mine”, sumada a la rotundidad inolvidable del arpegio que Slash hace en su distorsionada Les Paul como intro, el poder de los solos y el cambio de clima propuesto con la coda del tema. (En Música, “coda” —literalmente “cola” en italiano— es una parte que funciona a modo de epílogo en la composición, apareciendo al final, por única vez.)

Y ésa fue la puerta de entrada para aprender a disfrutar del apetito por la destrucción. De ahí pasé rápidamente a sentir una llama en el pecho al escuchar los riffs de “Welcome to the Jungle” y “Paradise City”, y al deseo de viajar a toda velocidad sobre cualquier vehículo al oír “Night Train”.

(Nunca me convertí en fan de la banda, aunque me aguantaba las ganas de hacer headbanging junto a mis amigos del secundario, por amor propio…)

Pero más allá del asunto meramente musical, creo que el aspecto más notorio de “Appetite for Destruction” reside en que se trata de una grabación fresca y genuina, que muestra a los Guns como realmente eran. Tal vez ninguno de los discos posteriores —aunque muy buenos también, y muy superiores al primero, en la cuestión técnica, y sin contar “Chinese Democracy”— pudo revelar con tanta crudeza la esencia de la propuesta de la banda. Y aquí Slash me da la derecha, porque más de una vez reconoció que Appetite… “es una foto de la vida entre 1984 y 1987. Habla de cosas de las que nadie hablaba en ese momento. Estábamos viviendo al límite y cantábamos sobre eso, y el público decía: ‘¡Wow, es bastante brutal!’. El disco tiene una actitud sincera y eso permitió que la gente pudiera relacionarse con él.”

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La banda a veces ha soltado prenda acerca del proceso creativo de este primer disco: parece que Axl le dedicaba mucho tiempo a las letras, tratando de pulir lo que quería decir en las canciones, aunque al mismo tiempo la música y los arreglos se hacían muy rápidamente, a veces en menos de una hora. (Algo que me hizo recordar al origen del primer álbum de Led Zeppelin.)

La cosa es clara: no siempre el trabajo minucioso y la búsqueda de la perfección garantizan un impacto poderoso. A veces hay que confiar en los instintos. En ellos suele esconderse la destreza para percibir qué conjunción de notas, cuáles yeites y qué melodías pegarán fuerte. En ocasiones, la habilidad de golpear de entrada nace al dejarnos guiar por nuestras corazonadas. Y aunque el resultado no sea el más prolijo o exquisito, la frescura legítima puede hacer la diferencia.

¡Que sea Rock!

 

Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

 

 

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