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Into The Unknown: Un disco de space punk.

Into The Unknown: Un disco de space punk.

octubre 25, 2017

El próximo 7 de noviembre, en el Rockout 2017, veremos en acción a Bad Religion en el Teatro Flores, una fecha que ha despertado enorme expectativa. Me gustaría aprovechar esta entrada del #blogrocker de Honky Tonk para hablar del álbum más controversial de la banda californiana formada en 1979. Me estoy refiriendo a “Into The Unknown”, su segundo disco, lanzado al mercado a través del sello creado por el propio grupo, Epitaph Records, según la idea —gran idea— de Brett Gurewitz, principal guitarrista de Bad Religion a lo largo de toda su historia.

Bad_Religion_Brett_Gurewitz

Parecía mentira que, luego de que ese grupito de adolescentes del instituto El Camino Real High School, de Los Ángeles, influenciados por Los Ramones y Black Flag, se juntaran con la idea de hacer una banda de punk, crearan un sello propio, sacaran por medio de él un EP titulado “Bad Religion” y luego un prometedor primer LP —“How Could Hell Be Any Worse?”—, se animaran a hacer un segundo disco que se acercaba más a Rush o a UFO que a los Sex Pistols.

“Into The Unknown” salió en 1983, y es evidente que Greg Graffin (voz, guitarra acústica, piano y teclados), Brett Gurewitz (guitarras), Davy Goldman (batería) y Paul Dedona (bajo) no pudieron escapar del embrujo de los sintetizadores, que amenazaban con adueñarse de la época. Este segundo álbum tiene un sonido muy alejado de “How Could Hell Be Any Worse?”, que si bien no es punk de pura cepa, contiene la semilla de aquello que germinaría más de una década después, en bandas como The Offspring y Green Day: el hardcore melódico.

bad religion

De todas formas, hay que apuntar que los Bad Religion siempre se tomaron su música demasiado en serio como para plegarse a una tendencia sin más. Podríamos afirmar sin temor a equivocarnos que tanto ellos como The Clash —al otro lado del Atlántico— fueron los impulsores de la evolución del punk. En Bad Religion se ve a la claras esta propuesta ya desde el primer disco, en los cambios de tempo y pattern rítmico (“Latch Key Kids”), y en la utilización de guitarras acústicas y piano (“We´re Only Gonna Die”). Este eclecticismo también se aprecia en las líneas melódicas, más enriquecidas que las de composiciones de otras agrupaciones del momento; y en el empleo —más intuitivo que consciente— de modos armónicos no usuales en el género, como el frigio (“Faith in God” y “White Trash – Second Generation”).

Y sin embargo, su segundo disco fue tan polémico que tanto los primeros seguidores como los fans incipientes lo recibieron con gran disgusto. El argumento que esgrimieron era el que suele usar el público decepcionado: acusaron al grupo de haberse vendido luego del éxito relativo de la primera grabación. La cuestión es que nadie supo entender dos cosas, según hoy podemos ver en retrospectiva: la banda, aún joven, todavía estaba buscando consolidar su sonido; y esta producción es una suerte de guiño a las bandas de prog rock y arena rock de los setentas y comienzos de los ochentas. Ya desde la portada, la oferta es distinta: en lugar de las imágenes de corte urbano, como la del primer álbum (y que luego se transformarían en postales más provocadoras, como la de “Recipe for Hate”, y especialmente la del single extraído de este disco, “American Jesus”, o las de “Suffer” y “No Substance”), el segundo disco nos muestra un panorama espacial al mejor estilo “Cosmos”, de Carl Sagan, en el que se destacan un par de cometas cayendo hacia un planeta entre otros cuerpos celestes. Y hasta la tipografía utilizada, similar a las fuentes de los primeros procesadores de texto digitales, es más adecuada para una producción de prog rock.

bad religion

Como sea, hoy este disco de space punk —del que sólo se hicieron 10.000 copias y del cual nunca la banda ha tocado un tema en vivo— es una rara avis, ya que está fuera del mercado. Así que los coleccionistas suelen pagar mucho por un ejemplar original de “Into The Unknown”. Particularmente, creo que el álbum tiene muy buenas canciones. Desde las movedizas “It’s Only Over When…” y “Losing Generation”, con sus pirotécnicos solos de sintetizador y guitarra, pasando por las bucólicas y de corte folk “Chasing The Wild Goose” y “Million Days” y “Billy Gnosis”, la imprevisible, acústica y pretenciosamente larga “Time And Disregard”, hasta las dramáticas “The Dichotomy” y “…You Give Up”, la escucha de este álbum es más que placentera, porque en él se adivina la búsqueda ingenua de un grupo que todavía averiguaba cuál era su identidad y también se vislumbra el tremendo potencial para la composición y la producción del tándem GraffinGurewitz, que se desarrollaría con creces en los años siguientes.

No estaría de más prepararse para ver en acción a los Bad Religion el 7 de noviembre pegándole un buen repaso a su discografía. Haceme caso: no te saltees “Into The Unknown”. Lo vas a disfrutar.

 

¡Que sea rock!

 

Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

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