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Lemmy: haciendo estremecer el más allá con su potente Ric.

Lemmy: haciendo estremecer el más allá con su potente Ric.

enero 8, 2016

Y sí: el 2015 se despidió con dos trágicas pérdidas para el rock. Ya mencionamos en este blog la desaparición de Scott Weiland. Ahora nos toca hablar del fallecimiento de uno de los bajistas icónicos del metal: el gran Lemmy Kilmister.

(Y podríamos sumarle la muerte del gran Chris Squire, como para aceptar que el universo de las cuatro cuerdas se está quedando sin sus más brillantes estrellas.)

El incipiente amor de Lemmy por el rock, iniciado en la pre-adolescencia, fue sellado a sus dulces dieciséis en el legendario club The Cavern, en 1961, en un concierto en el que tocaban —ni más ni menos— The Beatles. Lemmy se enamoró del desempeño escénico de John Lennon. (Así que “Ace of Spades” también se lo debemos a Los cuatro de Liverpool…) Más de una vez, Lemmy declaró que aprendió a tocar la guitarra escuchando “Please, please Me”.

Durante la década de 1960, Lemmy no sólo tocó en varias bandas que alcanzaron relativo éxito local, como Opal Butterfly, The Rockin’ Vickers y Sam Gopal, sino que incluso fue plomo de Jimi Hendrix. Pero su talento empezó a destacarse cuando se unió a la agrupación de space rock Hawkwind, una banda más que insólita, de obligada escucha para todos aquéllos que amamos la psicodelia. En ella se abocó al bajo, y, ocasionalmente, se desempeñó como vocalista también. Hawkwind es un despilfarro de distorsiones, alucinados sonidos de sintetizadores y ritmos variados. A mi entender, sus discos más logrados son “Doremi Fasol Latido”, “Warrior On The Edge Of Time” y el álbum en vivo “Bring Me The Head Of Yuri Gagarin” (ya sin Lemmy), una grabación en la que se puede apreciar todo el despliegue cósmico que esta banda hacía sobre el escenario —el cual remite a la ciencia ficción de los cincuentas, en gran medida—.

En 1975, Lemmy —a raíz de las diferencias que comenzó a tener con el resto del grupo— abandona Hawkwind para formar su propio proyecto, y así ingresar en la historia grande del heavy metal. En principio, el mismo se llamó Bastard, pero luego el nombre fue cambiado a Motörhead, el título de la última canción que él había compuesto para Hawkwind. Su idea original siempre fue la del power trío, por eso convocó a Larry Wallis en guitarra y a Lucas Fox en batería. Sin embargo, Motörhead se hace famosa con la segunda formación de su existencia, en la cual Eddie Clarke (en guitarra) y Phil Taylor (en batería) acompañan a Lemmy.

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Motörhead cobra importancia a principios de los ochentas, convirtiéndose junto a Iron Maiden en la creme de la creme del nuevo metal británico, influyendo en decenas de bandas que vendrían luego. Los discos “Ace of Spades”, “Overkill” y la furibunda grabación en vivo “No Sleep ’til Hammersmith” la catapultarían a la fama. Su rabioso estilo combina la rotundidad del punk, con un aplanador sonido que sería pionero del speed metal, y la simplicidad armónica del blues. Y hasta podremos encontrar en lo más profundo de sus sencillas melodías, apenas esbozadas por la voz aguardentosa de Lemmy, la influencia beatle.

Luego de varios cambios en el line-up, la formación se mantendría estable desde 1995 con la adición de Phil Campbell en la guitarra y Mikkey Dee en batería. Y justo en ese año, Metallica tocó en el concierto de celebración del medio siglo de vida de Lemmy, quien no solo quedaría muy agradecido por el gesto, sino que desde entonces entablaría con Hetfield y su pandilla un gran vínculo. (Fruto de esta relación sería la enorme versión que Motörhead haría años después del clásico de Metallica: “Whiplash”, la cual le valió un Grammy en 2005, habiendo competido por él con bandas del calibre de Slipknot y Cradle of Filth.)

Lemmy siempre fue un artista inquieto, por lo cual se prestó a colaborar en proyectos de otros músicos. Tal vez su más famosa participación fuera de Motörhead sea su aparición en el primer disco solista de Slash, en el que cantó la canción “Doctor Alibi”. E incluso también escribió una autobiografía: “White Line Fever”.

Me parece que no es el momento de hablar de su grave problema con la bebida, ni de los excesos de su vida licenciosa. No se trata de negarlos, claro; pero hoy prefiero quedarme con su obra. Sabemos que si hubiera frenado a tiempo, tendríamos Lemmy Kilmister por más tiempo. Sabemos que la suya no fue una vida ejemplar respecto de la salud y el cuidado del cuerpo, pero nada de eso es importante. Ahora lo más importante es rescatar su creación, su legado.

Por eso en Honky Tonk hoy le decimos al viejo y querido Lemmyque debe estar atronando el más allá con su bajo Rickenbacker 4001 Signature Model—: ¡Salud, maestro!

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¡Que sea rock!

Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

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