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enero 28, 2015

Año 1980. La sensación de ‘comienzo-de-algo-nuevo’ llenaba el aire. Moría la época que había visto el auge del rock sinfónico. Nacía la era del pop más creativo, cimentado en las primeras expresiones que la new wave había empezado a mostrar antes de que finalizaran los 70’s. (Expresiones que desplegarían un ramillete de subgéneros como el new romantic y la dark wave.) Surgirían novedosos sonidos electrónicos: el sintetizador se impondría como uno de los instrumentos principales de la etapa que se iniciaba. Pero, por otro lado, el punk, último y rabioso coletazo que el rock blandió contra el status quo en el Reino Unido, dejaría una impronta imposible de ignorar, que se extendería hasta principios de los 90’s (cuando el grunge tomaría la posta y continuaría con la revolución en la costa oeste de USA.) Junto al punk, también a finales de la década del 70 e imbuida del mismo espíritu de resistencia y rebelión que empuñaba la guitarra eléctrica como su emblema, había nacido la NWOBHM o New Wave of British Heavy Metal, la Nueva Ola de Heavy Metal Británico, movimiento cuyas raíces fueron Black Sabbath, Deep Purple y los más furibundos riffs de Led Zeppelin. Es éste el crisol en el que se forjaría una banda que es hoy considerada como una de las influencias más importantes del thrash metal, el cual surgiría en los siguientes años.

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¿De qué agrupación estamos hablando? De Motörhead, por supuesto, la bestia primitiva engendrada por Lemmy Kilmister, cuyo ícono es la mascota Snaggletooth (la cual, junto a Eddie, es una de las mascotas más célebres del heavy.)

Y si hablamos de influencias sobre el incipiente thrash, hay un disco de Motörhead que se erige como fundacional: “Ace of spades”. Cuarto álbum de estudio de la banda, el “As de Espadas” es el primero en tener una foto de la banda en su portada (hasta entonces, Snaggletooth había tenido el privilegio.) Obviamente, el primer corte, que da nombre a la producción, sigue siendo hoy el tema más recordado del power trío inglés: una machacante seguidilla de cuatro acordes —más un quinto acorde que aparece por única vez al final del puente, como pie para el solo de guitarra—, eslabonados a toda velocidad. (Aunque Lemmy siempre renegó de la etiqueta, sin duda esta canción, con su furioso patrón de corcheas en un tempo tan rápido, prefiguró el speed metal.)

Desde luego, Honky Tonk posee en su catálogo una prenda con la estampa de este himno del rock.

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Pero me gustaría resaltar un detalle de la historia de Lemmy que no es menor. Antes de formar Motörhead, Lemmy Kilmister fue bajista de Hawkwind, banda de finales de los 60’s, iniciadora del Space Rock. Basta escuchar algunos de sus discos para reconocer cuán profunda es la huella que dejaron. (“Doremi Fasol Latido” es un buen ejemplo, si es que quieren pegarse un inolvidable viaje ultrasónico. Y ojo que es de 1972, anterior a “Dark side of the moon”, de Pink Floyd.)

Por lo tanto, Lemmy ha sido un músico que siempre ha marcado tendencias. Y eso no es poca cosa: señalar nuevos caminos con lo que creamos, plantar hitos que sirvan de guía para los que vienen detrás de nosotros, es algo muy importante, no sólo para el Arte, sino también para la evolución misma de la Humanidad. Así que, sin pudor de ningún tipo, tenemos que proponernos los más altos objetivos a la hora de generar cosas nuevas. Quién sabe si tu idea no marcará la tendencia que trazará un nuevo sendero.

¡Que sea rock!

 

Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

 

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