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Megadeth, recargado y distópico.

Megadeth, recargado y distópico.

marzo 7, 2016

Como ustedes sabrán, el pasado 22 de enero de 2016, la legendaria “sinfónica del Colorado” editó un nuevo disco. Se trata de “Dystopia”, el décimo quinto álbum en estudio de la agrupación de thrash metal oriunda de Los Ángeles.

La nueva producción debutó en la tercera ubicación en The Billboard 200, convirtiéndose así en el segundo disco de Megadeth en picar tan alto. El primero, obviamente, es “Countdown to Extinction”, que alcanzó el puesto n° 2 en 1992.

Más allá de las buenas críticas, de entrada quiero decir que a mí este disco me parece la mejor producción de Mustaine y su cambiante pandilla desde “Youthanasia”. Por lejos.

Y no voy a negar que la partida de Shawn Drover y Chris Broderick me produjo una mala espina. La verdad, en su momento no podía imaginar que alguien fuera capaz de reemplazar a esos dos monstruos. Para mi gusto, las mejores performances en vivo de Megadeth publicadas en videos y en DVD’s son aquéllas protagonizadas por la alineación MustaineEllefsonBroderickDrover —y pido disculpas a los fanáticos de Marty Friedman y Nick Menza, dos músicos excelentes que han participado de la formación más célebre de la banda—.

Sin embargo, al escuchar a conciencia todo el disco quedé impresionado por la labor de Chris Adler en batería (de Lamb of God) y por el eximio despliegue de Kiko Loureiro en guitarra (ex Angra). Me tuve que sacar el sombrero. Para empezar, la solidez y precisión de Drover fueron, prácticamente, igualadas por Adler. En el disco noto que el sonido de las tomas de batería (en cuanto a afinación y calidad) es muy similar al logrado en los cuatro discos anteriores a “Dystopia”. Las mezclas del Colorado siempre apuntaron a un sonido de batería muy HiFi, bien comprimidas y maximizadas. En una palabra: demoledoras. (Hay un notable desempeño de la doble maza en el bombo, que alcanza una cima bien elevada en el track “Poisonous Shadows”.)

Por otro lado, el trabajo de guitarras es magnífico. Ya Mustaine nos tiene acostumbrados a solos pirotécnicos, bien trabajados y ejecutados. Pero el aporte de Loureiro es superlativo, muy creativo, y realizado con un audio excepcional. La calidad de su performance se ve en todo el álbum, pero sobresale en “Dystopia” —que incluye un cambio de patrón rítmico y tempo en la segunda mitad de la canción, y un duelo de solos entre ambos guitarristas; y si a todo esto le sumamos la intro, veremos que la estructura del tema tiene su parangón en el famoso “Hangar 18”, del disco “Rust in peace”—. También es meritorio el desarrollo de guitarras gemelas en el tercer track, “Fatal Illusion” —que tiene al principio un leve aroma a Meshuggah—.

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Otras canciones en las que se destaca el ensamble de guitarras son: “Bullet to the Brain” —que incluye una espectacular intro con arpegios de guitarra acústica, al igual que en “Poisonous Shadows”— y “The Emperor”. Pero sin dudas el tema que se lleva los laureles respecto de las guitarras es el instrumental “Conquer or die!”, donde la soberbia intro de guitarra clásica te deja sin aliento.

Las habituales texturas sonoras de Megadeth están enriquecidas en esta producción: hay arreglos de cuerdas, sutiles pero certeros; efectos ambientales y ecualizaciones poco convencionales para los comienzos de varias canciones; un touch de piano (interpretado por el mismo Loureiro); la oriental voz de Farah Siraj en “The Threat is Real” y “Poisonous Shadows”; teclados y programación; percusión y hasta algunas narraciones, como la de Miles Doleac en “Conquer or die!”.

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Estos aportes están tan bien balanceados respecto de la sonoridad de clásicos como “Rust in peace” y “Countdown to Extinction” que el resultado final remite a las raíces de la agrupación, pero sorprendiendo con un tinte de actualidad. (Y sin sonar a pastiche experimental, como lo que supuso la adición de trompeta, cello y banjo en el disco “Super Collider”.) A esta justa amalgama de novedad y tradición hay que adicionar el estupendo trabajo vocal de Mustaine: en este disco, el movimiento de las melodías es mucho más interesante que todo lo que él compuso desde —me atrevería a decir— “Cryptic Writings” en adelante —salvo algunas honrosas excepciones que aparecen en discos como “United Abominations” y “The System has Failed”—. Pero lo mejor de todo es que su voz está a la altura del desafío melódico. El resultado es más que bueno. Se ha dicho más de una vez que Mustaine no es un buen vocalista. Yo sostengo lo contrario.

Por último, el disco cierra con una joyita: la versión del Colorado de “Foreign Policy”, el clásico de la banda de hardcore-punk Fear, formada en 1977.

El único punto negativo que le doy a la grabación es el siguiente: parece que en todo el proceso de producción algún directivo de Tradecraft (sello que editó el álbum a través de Universal) exigió que el disco sonara más y más fuerte, lo cual hizo que cayeran en la tentación que propone la Guerra del Volumen: comprimir al mango el mastering. Si escuchan con atención, en varios momentos del disco podrán oír —apenas, claro— ruido a ‘rotura’, que significa que se sobresaturó la mezcla. (algo parecido a lo que sucedió con “Death Magnetic”, de Metallica.) Y hablo de la discográfica, porque presumo que los directivos tendrán más responsabilidad en esto que Chris Rackestraw (el productor e ingeniero), el mismísimo Mustaine, Josh Wilbur (quien hizo la mezcla) o Ted Jensen (quien hizo el mastering), todos ellos expertos con una amplia experiencia en la producción de música pesada.

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El arte del disco merece un capítulo aparte: la cubierta posee una imagen de ciencia ficción hecha y derecha, en la que un Vic Rattlehead —la mascota de Megadeth— estilo cyborg, uniformado como un soldado de élite futurista, empuña un machete en una mano y con la otra sujeta la cabeza de una ginoide o IA femenina, que tiene una leve similitud a la testa de la Estatua de la Libertad. La escena se perfila debajo de las ruinas de un puente colgante —que bien podría ser el de Bayonne, que conecta Nueva York con New Jersey—, y en el cielo tormentoso que cubre la ciudad y la azota con relámpagos, revolotean algunos autómatas esféricos, visiblemente armados con cañones, para nada amistosos. Los responsables de estas imágenes son Brent Elliot White y Michael Bryan.

En definitiva, “Dystopia” es un disco que vale la pena. Uno se alegra al ver que una banda como Megadeth, con una enorme trayectoria, todavía sea capaz de crear un álbum que merezca el calificativo de “Obra Maestra”.

 

¡Que sea rock!

Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

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