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Prince: creador controversial y polifacético.

Prince: creador controversial y polifacético.

mayo 2, 2016

Hoy me toca escribir otra de esas notas…

El pasado 21 de abril el mundo de la música fue sacudido con la noticia de la muerte de Prince, uno de los artistas más completos que hemos visto.

Prince Rogers Nelson nació en Minneapolis, Minessota, el 7 de junio de 1958. Su padre, John L. Nelson, tocaba en el trío de jazz The Prince Rogers Trio, y de esta denominación John tomó el nombre para bautizar a su hijo. Luego, el divorcio de sus padres —curiosamente— despertó la inquietud de Prince por la música. (Ya había mostrado un enorme talento desde muy pequeño). El piano que su padre dejó en la casa se volvió para él la mayor fuente de divertimento. Aprendió a tocar solo, escuchando y sacando de oído canciones de los programas de televisión. Más tarde su padre le regaló una guitarra eléctrica, la cual también exploró por su cuenta… Ya hemos visto holgadamente cuál fue el resultado de esa exploración: sin duda Prince ha sido un enorme guitarrista. Por otro lado, y aunque parezca increíble, en los primeros grupos que formó en su adolescencia (Champagne y Grand Central, por ejemplo), él decidió no cantar porque pensaba que su voz no era buena. Hasta que el ingeniero de grabación Chris Moon no lo convenciera de presentar una de sus maquetas a algún sello, Prince tuvo dudas acerca de sus cualidades como vocalista. (Parece mentira, ¿no?). Finalmente, él eligió a Warner Bros. para enviar uno de sus demos.

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Sus primeros cuatro discos lo anunciaron como la esperanza de la música negra de finales de los setentas, y lo hoy lo muestran como el fundador del “sonido Minneapolis”, en el que se conjugan de manera variopinta funk, góspel, rock, R&B, pop, y ligeros toques de jazz y new wave. En el primero de ellos, “For You”, él grabó todos los instrumentos; del segundo, “Prince”, se extrajo su primer hit “I Wanna Be Your Lover”; ya en “Dirty Mind” —un disco crudo, a diferencia de la elaboración que se vio en los anteriores—, empezó a sacar provecho de una imagen controversial: solía presentarse en vivo usando sólo calzoncillos y medias de mujer. Y en “Controversy”, abandonó por un tiempo los temas sexuales para hablar de cuestiones políticas en sus canciones.

El éxito lo sorprendería con el quinto álbum, “1999” (publicado en 1982), que es considerado como su primera obra maestra, y en cuyas presentaciones se terminaría de conformar la célebre The Revolution, la banda que lo acompañaría hasta 1986. Este disco se haría famoso por la canción que dio nombre al disco, la cual sería plagiada algunos años después por Phil Collins con “Sussudio”. Sin embargo, el tema de esta producción que más alto picaría en los charts es “Little Red Corvette”, que aborda de forma solapada el tema racial.

Pero el suceso masivo vendría con el siguiente disco: “Purple Rain”, de 1984, un proyecto de película y banda sonora que lo lanzó al estrellato a nivel mundial. El disco ha vendido más de 15 millones de copias sólo en USA, y el film batió récord de taquilla, recaudando más de 60 millones de dólares (contra los apenas 7 millones y pico que supuso su realización.) Justo antes del lanzamiento de “Purple Rain”, ingresó a la banda la joven guitarrista Wendy Melvoin. Ella y la tecladista Lisa Coleman se volverían la columna vertebral de The Revolution, y la mano derecha de Prince en el aspecto lo musical. Todos sabemos que “Purple Rain”, a estas alturas, ya es un clásico eterno. (Y este bloguero, que también es músico, no podía dejar de hacer su tributo a Prince haciendo una versión del inmortal solo de esta canción…)

En su vasta trayectoria, completan la década del ochenta los siguientes discos: “Around the World in a Day” (1985), pleno de psicodelia y letras existencialistas, hoy considerado como un disco de transición); “Parade” (1986), en el que Prince volvió al formato de disco más película, la cual se llamó “Under The Cherry Moon”, rodada en la Costa Azul y dirigida por él mismo: aunque fue un fracaso comercial, el disco que le acompaña como banda sonora muestra un a Prince muy experimental. (En esta época empezó a levantar Paisley Park, su complejo audiovisual y multi-estudio de grabación (en cuya finca fue hallado muerto.) Ya disuelta The Revolution, en 1987, edita “Sign ‘O’ the Times”, un disco doble que reúne proyectos del año anterior —“Dream Factory”, “Camille” y “Crystal Ball”— que no pudieron ser publicados debido a las desavenencias que tendría por largos años con su sello musical. Este es el álbum más ecléctico de su carrera; en él fusiona funk, góspel, pop y rock, y es considerado una de sus obras maestras. Después vendrían “Lovesexy” (1988), “Batman” (1989, la aclamada banda sonora de la película dirigida por Tim Burton; “Graffiti Bridge” (1990, otro proyecto de disco y película, también escrita, dirigida y protagonizada por él); y “Diamonds and Pearls” (1990).

(En el segundo lustro de los ochentas, hizo una colaboración legendaria en el disco “Like a Prayer”, de Madonna, en el que cantó una canción con ella y tocó, empleando guitarras sampleadas de su proyecto “The Black Album”, el cual tampoco vio visto la luz debido a los conflictos con la discográfica. Además de las colaboraciones, no podemos dejar de mencionar que varios temas de su autoría alcanzaron fama mundial de mano de otros artistas, como “Nothing Compares 2 U”, cantado por Sinéad O’Connor, y “Kiss”, relanzado por Tom Jones.)

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Los noventa encuentran a Prince ya con nueva banda, The New Power Generation, y con energía creativa renovada. Su prolífica capacidad de componer, arreglar, grabar y producir dio como fruto una seguidilla de grandes discos en esa década: “Symbol” (1992); “The Hits/The B-Sides” (1993, álbum recopilatorio); “Come” (1994); “The Gold Experience” (1995); “Chaos and Disorder” (1996); “Emancipation” (1996); “Crystal Ball” (1997), “New Power Soul” (1998) y “The Rainbow Children” (2001). Una de sus acciones más polémicas durante esta etapa fue la de adoptar como denominación un símbolo frente a la imposibilidad de utilizar su nombre a causa de los pleitos sostenidos con Warner, que acompañó con el hábito de aparecer en público con la palabra “slave” (“esclavo”) escrita en la cara. Fue entonces cuando comenzó a ser llamado TAFKAP (“The Artist Formerly Known As Prince”); y la marca de guitarras Schecter diseñó el modelo Symbol, con el inconfundible contorno del símbolo denominativo de Prince, un híbrido entre los signos masculino y femenino.

Finalmente, las batallas legales con el sello concluyeron al terminar el contrato que unía a ambas partes. Prince no salió indemne de tantos años de pleitos legales. Eso, sumado a la muerte prematura de su hijo, Boy Gregory (que tuvo con Mayte García, su esposa en ese momento), provocó, aparentemente un intento de suicido, aunque esto no ha podido confirmarse hasta hoy.

Prince nunca fue un artista sumiso y siempre prefirió seguir hasta las últimas consecuencias el sendero que le marcó su faro interno. Durante el nuevo siglo, él debió reinventarse para poder sobreponerse a la invisibilidad a la que lo sometieron los medios dominantes en la industria de la música. A pesar de esta vicisitud, él, un artista irrefrenable con una enorme reserva de potencial creativo, logró nuevos y grandes éxitos, distribuidos en varias grabaciones de alto nivel, como “One Nite Alone…” (CD y DVD); y los excelentes discos “Musicology”, “N.E.W.S.” y “3121”. A partir de ese momento, fue reconocido con prestigiosos galardones (Grammys, su ingreso al Rock and Roll Hall of Fame y al UK Music Hall of Fame, entre otros), e hizo varias presentaciones memorables, como las que realizó para el programa de Jay Leno, de gran rating en USA, el Super Bowl XLI bajo una lluvia torrencial, y su segunda vez en el Festival de Jazz de Montreux.

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Acostumbrados sus seguidores a la extravagante conducta de Prince, no fue especialmente asombroso para nadie que él se uniera al culto de los Testigos de Jehová, conversión que se vería reflejada en el muy buen disco “Planet Earth”, y que lo llevaría a la decisión de no tocar más sus temas con letras explícitas en lo sexual. Hablando de este último álbum: con él inició una nueva y polémica forma de distribución. Se propuso regalarlo a todo aquél que hiciera la compra de un semanario en los quioscos de revistas (la publicación con la que se otorgaba el álbum fue cambiando de país a país.) Lo mismo hizo luego con “20ten”. Al mismo tiempo, y de forma incomprensible, Prince sostuvo una postura inflexible respecto de la publicación de su música en la web (hasta antes de su muerte era muy difícil encontrar videos suyos en You Tube de discos enteros), y del uso de su imagen, lo que lo llevo a estar enfrentado con algún sector de sus fans en los últimos años.

Obviamente, no resultó para nada agradable escuchar la noticia de su deceso. Fue encontrado en su estudio, en la cuna de sus más grandes creaciones. Pocos y confusos son los detalles acerca del estado de salud que tuvo en los días previos, así que más vale enfocarse en su obra: extensa, ecléctica, siempre innovadora. Fue un artista audaz, comparable a David Bowie, tan inquieto como él, disruptivo, provocador, inconformista. Además, Prince descubrió a muchas mujeres músicas de enorme talla, e impulsó y apadrinó sus carreras. De hecho, en el mundo machista del rock, él fue uno de los pocos que no sólo les dio el puesto de corista sexy a las mujeres de sus bandas, sino que confió en ellas, brindándoles roles protagónicos, en cada uno de los instrumentos de sus bandas. (Basta ver lo genial de las performances de presentación de su disco “Plectrumelectrum” (2014), que hizo con el trío de chicas, 3RDEYEGIRL, conformado por la estadounidense Hannah Welton en batería, la guitarrista canadiense Donna Grantis y la bajista danesa Ida Kristine Nielsen, llenas del más puro espíritu hendrixiano.)

Podría seguir escribiendo páginas enteras acerca de este colosal músico. Me parece que este es un buen momento para repasar su obra, destacada por la cantidad y por la calidad, para volver a sorprenderse y para seguir aprendiendo, mientras él sigue de gira en el más allá.

 

¡Que sea rock!

Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

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