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“Pump” de Aerosmith: potente inyección de rock de final de los ochentas.

“Pump” de Aerosmith: potente inyección de rock de final de los ochentas.

abril 24, 2017

El disco que nos ocupa en la entrada de hoy del #blogrocker de Honky Tonk es, ni más ni menos, “Pump”, décimo álbum de estudio de los chicos malos de Boston: Aerosmith.

Fue lanzado el 12 de septiembre de 1989, y fue remasterizado y reeditado en 2001. Se trata, sin dudas, del disco más célebre de Aerosmith, y en esta apreciación coinciden la crítica especializada y los fans, algo que no ocurre con mucha frecuencia. Obviamente, gran parte de este éxito tiene mucho que ver con el trabajo minucioso del productor Bruce Fairbairn. “Pump” fue el segundo de los tres discos producidos por el canadiense para la banda, y sirvió para prefigurar el sonido que luego lograría en “Get a Grip” (1993), el álbum que —según este bloguero— encarna la cima del audio de todas las grabaciones de la banda de Boston. (E incluso, me animaría a contradecir a los fans y la crítica: “Get a Grip” es el mejor disco de Aerosmith. Mejor que “Pump”, para mí).

Pero volvamos a “Pump”. El proceso de la grabación llevó desde enero a julio de 1989, usando, más o menos, una mitad de ese tiempo en los estudios Rik Tinory de Massachusetts y la otra en los Little Mountain Studios, de Vancouver, Canadá. Existe un documental, “The Making of Pump”, que muestra los vaivenes de la creación del álbum. Esta filmación —muy recomendable— nos deja ver cómo las canciones fueron evolucionando hasta llegar a sus versiones definitivas. Es interesante notar cómo Aerosmith —al igual que muchísimas bandas de rock— terminan de entender el concepto que buscaban para cada composición en el estudio. Es innegable que el entorno influye de uno u otro modo en los toques finales de una canción.

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(En el mencionado documental, dirigido por Martin Torgoff, hasta podemos ver una fuerte “agarrada” entre Joey Kramer y Steven Tyler, por diferencias acerca del tempo y el groove de una canción. Joe Perry y Tom Hamilton, la primera guitarra y el bajista de la banda, respectivamente, adjudican este tipo de discusiones a la “tensión dinámica” y la presión de la auto-exigencia que se establece entre los miembros de la banda a la hora de tratar de hacer el mejor disco posible).

El álbum empieza con la rutera y potente “Young Lust”, que tiene una intro típica de Aerosmith, con la armónica de Tyler. La canción cabalga casi todo el tiempo sobre el doble bombo de Kramer y da un respiro con un primer solo de slide en la viola, para, luego del puente, llegar a un segundo solo de Perry, mucho más furioso. La canción, luego de un fill que anticipa un cierre descomunal, tiene un final abierto, al que se engancha “F.I.N.E”, un rock a medio tempo, que resultaría intrascendente si no fuera el tipo de canción esperada en el segundo lugar del track list de un disco de hard rock.

Luego viene la famosa “Love in a Elevator” —antecedida por “Going Down”, que funciona como una intro del tercer track del disco—, la cual habla de cómo hacer el amor en un ascensor. Alcanzó el puesto n° 5 en el Billboard Hot 100 y el n° 1 en el Mainstream Rock. Al final de la misma se puede oír, insólitamente, la adición de una trompeta, y también un recurso que luego usarían en “Livin’ on the Edge”, de “Get a Grip”: una nota de piano octavada y tocada en negras, como un ostinato, sobre los dos acordes con los que se despide la canción.

El cuarto track es “Monkey on mi back”, que habla del abuso de drogas y del alcoholismo. En este también tenemos el pegajoso slide de Perry, varios “machaques” de guitarra con delay y un constante shaker para complementar el ritmo de la batería.

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Le sigue “Water Song”, que es una excusa —una vez más— para introducir otra de las canciones exitosas de “Pump”: “Janie’s Got a Gun”, tal vez el tema más original del disco, que hace aparecer el dramatismo, no sólo en la armonía del estribillo, sino también en la temática de la letra: la violación incestuosa y el asesinato.

Promediando la duración del álbum surge otra miniatura destacable: “Dulcimer song”, que preanuncia el sexto track, “The Other Side”, canción que presenta una potente sección de brassesal mejor estilo “Blue Jean” o “Modern Love” de Bowie— y teclados.

El track siete es “My Girl”, un rock and roll bien bailable que no tiene otra función en el disco que la de rellenar con eficacia. Algo parecido sucede con la octava canción, bien bluesy: “Don’t Get Mad, Get Even”, en cuyo comienzo se oye un didjeridoo australiano.

Como antesala del noveno track, “Voodoo Medicine Man”, se oye la tribal y un tanto espeluznante “Hoodoo”. Ambas composiciones constituyen otro de los puntos altos del disco, con un trabajo excepcional de las guitarras y una destacada labor vocal de Tyler.

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Finalmente, el álbum termina con la balada “What It Takes”, de característica factura aerosmithiana, en la que se observan los consabidos giros armónicos que suelen utilizar para sus temas lentos: un estribillo que modula respecto de la estrofa y que para anticipar la cima tonal utiliza la tensión del tercer grado mayor, y una vez en ella, se apoya en el segundo grado semidisminuido. Marca registrada de las baladas de Aerosmith.

Sin dudas “Pump” es uno de los mejores discos de los chicos malos de Boston. Y también del final de la década del ochenta, en la que el hard rock puro y duro trataba de sobrevivir frente al advenimiento del grunge y la explosión del thrash metal. Vale la pena volver a escucharlo.

 

¡Que sea rock!

Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

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