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Las raíces de Marco Mendoza están en su casa.

Las raíces de Marco Mendoza están en su casa.

abril 27, 2018

“Casa Mendoza” es el segundo disco solista de uno los talentosos amigos de The Brand of Rock: Marco Mendoza. Hoy en el #blogrocker de Honky Tonk vamos a revisar esta joya del polifacético músico, un disco injustamente infravalorado.

El álbum fue publicado en 2010 por Mascot Records, mientras Marco formaba parte de Thin Lizzy —aunque él siempre hace muchas cosas a la vez, ya lo sabemos—. Lo primero que hay que destacar es que esta producción es una apuesta arriesgada. Marco decidió no transitar el camino fácil, repetir la fórmula de “Live for Tomorrow” con la que había conseguido el éxito para hito inicial de su carrera solista. En lugar de temas gancheros de hard rock con estribillos pegadizos, en “Casa Mendoza” Marco propuso hibridar sus múltiples influencias, logrando un todo homogéneo lleno de soul, funk, latin jazz y rock, entre otras cosas.

El disco abre con una versión casi irreconocible del clásico de Stevie Wonder, “Living For The City”. (Marco hasta rapea en este cover). Las líneas de bajo se lucen, ya que nuestro amigo se anima a intercalar muchos recursos melódicos —e incluso armónicos— del jazz en medio de las bases. Al despliegue instrumental de Marco se le suma la original interpretación de guitarra a mano de Rafael Moreira (la introducción de este cover recuerda al comienzo de “Moonchild”, de Iron Maiden, a puro arpegio con delay). Y no hay que olvidarse de la magnífica performance vocal del bajista de los The Dead Daisies, que hasta incorpora coros de tipo “afro”.

Le sigue el divertido arreglo de “Trouble”, canción escrita por el mismo Marco, que continúa con la línea funky y abre el camino para el maravilloso segundo cover: “Suzy Q”, célebre tema de Eleanor Broadwater, Dale Hawkins y Stan Lewis. Esta versión cambia la atmósfera del álbum por aires más intimistas, lindando con un soul de toques latinos. A esta altura del disco se hace indispensable reconocer la eximia labor del baterista Joey Heredia, músico que forma parte del trío de jazz de Marco, completado por Renato Neto.

De “Suzy Q” saltamos a “You”, una muy linda canción de Marco, para luego pasar a uno de los puntos fuertes del álbum: “Circle of Life”, un derroche de latin jazz y fusión. Aquí se luce Steve Weingart (Steve Lukather, Robben Ford, Frank Gamballe) en el piano y los teclados. A continuación, “Kingdom of Paradise” (escrito por Karen Glenn, Fabrizio Grossi y Marco Mendoza) nos deslumbra con su clima ambivalente: de unas estrofas sugerentes pasa a un estribillo de balada de heavy metal, con aires grunge y una melodía muy a lo Ozzy Osbourne. En este track se destacan los solos de guitarra y de bajo fretless con wah.

Luego regresamos a las melodías modales: “Are You There” sorprende porque, sin transición alguna, pasa de coros en escala pentatónica armonizados con intervalos puros (sobre los que Marco canta improvisando en modos orientales), a un estribillo que discurre sobre un tempo mucho más rápido, escrito en otra tonalidad. Y además la canción tiene un puente en el que se vuelve a jugar con el jazz, elaborado también sobre otro ritmo. Sin dudas, en esta composición Marco deja ver que decidió dar rienda suelta a su creatividad. Este ecléctico mix de estilos e influencias que el álbum presenta hasta aquí vuelve de, una u otra manera, a repetirse en los siguientes tracks: “Betty Joe”, “Faith” (que es una suerte de interludio instrumental), “Crying Out” (de Karen Glenn) y “Get Ready”. Finalmente sobresalen el último tema de la producción: “You’ve got a friend”, el clásico de Carole King inmortalizado por James Taylor en su álbum “Mud Slide Slim and The Blue Horizon”, que, en la versión de Marco fluye de manera lenta y acompasada. Como bonus track se presenta una versión de “You” en castellano “Tú”.

Hay quienes dicen que este disco no tiene un rumbo claro, que debería haber sido sólo un álbum instrumental, puesto que el excesivo despliegue vocal de Mendoza torna aún más barroca la textura recargada del ensamble. En lo particular, creo que pedirle a Marco que no cante es un despropósito: él es un artista completo y tiene muchas cosas que decir, por lo cual le es imposible escapar del formato de canción. Pero, al mismo tiempo, en “Casa Mendoza” expresa las ricas y variadas ideas musicales que no tienen lugar en sus otros proyectos. Si se escucha el álbum siendo consciente de la necesidad creativa del artista, sorprende gratamente, por la mixtura de estilos y por el audio logrado, que suena bien auténtico, como si la banda hubiera armado dentro del estudio y grabado “en vivo”, sin edición ni regrabaciones o post producción. Estamos frente a un álbum colorido, rotundo y vibrante. Recomiendo una escucha atenta del segundo disco solista de “Casa Mendoza”.

¡Que sea rock!
Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

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