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Los Ramones y el punk: la médula del rock.

Los Ramones y el punk: la médula del rock.

julio 27, 2015

Cinco años después de Woodstock, cuatro muchachos de Queens, involuntariamente sincronizados con lo que sucedía al otro lado del Atlántico, debutaban en el mítico club CBGB, de Nueva York, bajo el nombre de Ramones. Claro, nacía el punk, y lo hacía de forma simultánea en dos continentes. En Europa los pioneros fueron los Sex Pistols y The Clash, entre otros; aquí, en América, la patada inicial la dieron Joey, Johnny, Dee Dee y Tommy. Estos cuatro adolescentes neoyorquinos —deseosos de hacer rock sin ningún tipo de aditamento o adorno, volviendo a lo medular, a la raíz—, eligieron su apellido ficticio inspirándose en el pseudónimo que utilizó Paul McCartney en los Silver Beatles: Paul Ramon.

Generalmente solemos olvidar que todos los comienzos son difíciles, que empezar a transitar el sendero del propio sueño no sólo demanda un arduo esfuerzo, sino que también requiere de grandes dosis de una fe resistente a toda prueba. Lo que sucede es que, una vez que los triunfos acumulados son numerosos y la cosa se ha transformado en una leyenda, parece mentira que el origen de ese éxito haya sido algo más bien modesto.

El caso de los Ramones no escapa a esta constante: en ése, su primer show, el 16 de agosto de 1974 —el inicio de la seguidilla de numerosos conciertos que darían en el CBGB—, sólo dos personas los vieron y disfrutaron: el periodista de música Legs McNeil (quien, junto a Lester Bangs, acuñó el término “punk rock”), y Alan Vega, miembro de la banda Suicide.

Sí, sólo dos personas por toda audiencia. Había más gente sobre el escenario que debajo de él.

Se cuenta que Vega les dijo, después de los 17 minutos que duró esa presentación, “que les parecieron geniales”. Los Ramones, conscientes de su poca destreza musical —lo cual no les preocupaba mucho, para ser sinceros—, se animaron: “si pudimos engañar a este tipo, seguramente podremos engañar a más gente”.

Ramones Bowery

Por otro lado, McNeil se dio cuenta de que ese cuarteto de flacuchos embutidos en jeans “chupines” de tiro alto, luciendo camperas de cuero negro y botas Converse —el look sempiterno que los caracterizaría a lo largo de carrerahabían traído algo nuevo, algo que no tenía que ver con la grandilocuencia del rock progresivo, ni con la maestría de los guitarristas de blues, ni con los viajes psicodélicos del space rock, ni con el rasgo intimista de los cantautores de folk, ni con los sonidos electrónicos del naciente pop. El llamó a su música “un muro de ruido”. Se trataba de canciones minimalistas hechas con machacantes secuencias de tres o cuatro acordes, de estructura simple, sin puentes ni solos. Era obvio que su propuesta trascendía lo musical y quería enfocarse en otras cuestiones, como el aspecto social y la expresión teenager nihilista post-Vietnam, que echaba por tierra con el optimismo hippie. Para eso nada mejor que guitarras distorsionadas a todo volumen, tocadas sin decoro ni prolijidad, en una suerte de híbrido entre las bandas de chicas de la movida motown y las formas del rock sencillo y clásico de la década de los años 50.

La cuestión es que luego de su primer show, el de los Ramones se transformaría en un número habitué del CBGB, tocando en el local más de 70 veces, siendo co-protagonistas de Blondie, Talking Heads y Patti Smith —entre otros artistas—, y miembros fundamentales de la nueva tendencia alternativa e independiente del panorama musical de entonces. Cuando llegaron al Reino Unido, ellos terminaron influenciando con su sonido a los pilares del punk inglés, como los ya mencionados Sex Pistols y The Clash. Hoy encontramos decenas de bandas de garaje que reinventan ese sonido, imbuidas del mismo espíritu, y que sin pudor alguno confesarían que la música de esos cuatro neoyorquinos desgarbados es una de sus influencias principales.

Nunca menosprecies los comienzos, por más dificultosos que sean. Nunca bajes los brazos, porque ese proyecto por el que te estás jugando todo, el que apenas tiene audiencia hoy, mañana puede transformarse en algo que inspire a multitudes.

¡Que sea Rock!

 

Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

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