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Un poco de ruido, review del último disco de los Dead Daisies.

Un poco de ruido, review del último disco de los Dead Daisies.

agosto 24, 2017

El pasado 15 de julio vimos en acción a The Dead Daisies en el Vorterix, y como pueden leer en esta nota, brindaron un show de gran nivel en el que el súpergrupo formado por ex miembros de Whitesnake, Foreigner, Mötley Crüe (y otras bandas), dio cátedra de buen hard rock.

Este bloguero aprovechó la oportunidad: en el puesto de merch en el teatro compré “Make Some Noise”, la última producción de los Daisies. Después de haberla oído concienzudamente me dieron unas ganas bárbaras de reseñarla para el #blogrocker de Honky Tonk. Antes de pasar a desgranar el disco tema por tema, como consideración general hay que decir que se trata de un álbum parejo, con el sello inconfundible de Marti Frederiksen, productor de vastísima experiencia en dar a luz muy buenos discos de rock (aunque también ha producido discos de country y de pop, además de ser co-autor de muchos hits junto a artistas de renombre). En su palmarés podemos encontrar a Aerosmith, Buckcherry, Mötley Crüe, Deff Leppard, Ozzy Osbourne, Jason Bonham Band, Scorpions, Ace Frehley, Miley Cyrus, Jeff Healey, Meat Loaf, Richie Sambora, Sheryl Crow… Y la lista sigue. No es moco de pavo. En la entrevista que pudimos hacer a Marco Mendoza (bajista de los Daisies), él nos aseguró que el resultado final de “Make Some Noise” se debe más a las artes de Frederiksen que a la misma banda.

A mi modo de ver, este “sello inconfundible” tiene mucho que ver con la forma de mezclar la batería (palera por demás en el disco que nos ocupa hoy, cortesía de Brian Tichy): el tambor con profundidad pero enfatizando el ring shot, el bombo con mucho kick, los toms bien definidos y los platos, oscuros y fuertes. En definitiva se trata de poner la bata adelante en el mix, bien clara y fuerte. Algo esencial en un disco de hard rock, claro, pero no siempre bien logrado. En este ítem, pocos consiguen emular las baterías poderosas pero equilibradas de Frederiksen (sin quitar el crédito a Tichy, cuyo audio es excepcional).

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Otra marca registrada de este “sello” de Frederiksen es el audio de las guitarras, que busca un preciso balance entre el nivel de distorsión ofrecido por Doug Aldrich y David Lowy —en el caso de “Make Some Noise”— y el bajo —distorsionado y tocado con púa en todos los temas, en la performance de Marco Mendoza para este disco—. Así, la base rítmica de los temas descansa sobre un entramado parejo de graves (ofrecidos por el kick del bombo, el bajo y el bordoneo de las violas con overdrives) y los medios crujientes de los arreglos de guitarra, más agudos, que se combinan a la perfección con el timbre roto de la extraordinaria voz de John Corabi. Sobre este último punto, hay algo remarcable: Frederiksen “sumerge” la voz dentro de la banda, sin que quede por debajo la misma. Esto le da a la mezcla una cualidad de “vivo” que es muy interesante. Y lo mismo puede decirse de los solos de Aldrich: están “metidos”, casi al mismo nivel que la base rítmica. No era un desafío menor el de Frederiksen, puesto que los Daisies estaban renovando el sonido cuando entraron al estudio para las sesiones de esta última producción: de un onda Black Crowes y —de a momentos— Guns n’ Roses (que incluía el uso de teclados), saltaron a un perfil muy semejante al de AC/DC o Buckcherry.

Pero basta de digresiones y vamos a las canciones.

El álbum abre con “Long Way to Go”, un tema rutero, de pizarrón, ideal para el opening del disco. Su clave está en la sencillez de la base de la estrofa, lineal, para que Corabi deslumbre con su voz perfectamente colocada. Esa simplicidad —premeditada, porque el tema está hecho para escucharlo arriba de un Mustang, a toda velocidad por la Ruta 66, y bien acompañado, de ser posible— se interrumpe con el pre-coro, estructurado sobre el dominante de la tonalidad, con algunos cortes que dan respiro a la base continua y llana. El coro, de mucha fuerza, indicado para abrir un show, por ejemplo, vuelve la naturalidad de la estrofa. Son destacables el solo de guitarra, tocado sobre una variante del pre-coro, y la intro que, si no fuera por el compás quebrado que agrega al final, sería un perfecto émulo de la intro de “Two Minutes to Midnight” de Iron Maiden.

El segundo track es “We All Fall Down”, que basa su pattern rítmico sobre una figura similar al clásico de Queen “We Will Rock You”, pero con la variante de la síncopa entre los dos primeros bombos de la batería, para diferenciarlo. (La fórmula se repetirá en el tema que le da nombre al disco, “Make Some Noise”, pero esta vez el disfraz no será la síncopa entre una corchea con puntillo y una semicorchea, sino dos semicorcheas seguidas de silencio de corchea). En esta segunda canción, también enérgica, aparece por primera vez la sonoridad tan característica del Talk Box, en la boca de Doug Aldrich, el pedal de guitarra que consigue un efecto parecido del wah-wah, pero con una dinámica más cercana a la de un lenguaje hablado. Este efecto fue popularizado por Peter Frampton (“éste sí que hace hablar a la guitarra”, diría Otto Mann, el chofer del micro de la escuela en Los Simpsons), y también se conoció por la inolvidable intro de “Livin’ On A Prayer”, de Bon Jovi. “We All Fall Down” hace gala de un súper solo y un gran coro que cierra con un riff categórico.

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El tercer tema es uno de los mejores del disco, “Song and a Prayer”, con una intro que también remite levemente a Bon Jovi, y con un mensaje que me encanta: “Tengo una canción y una oración por los moribundos / Donde sea que vayas, hagas lo que hagas / Tienes que ser fuerte, tienes que seguir intentando / Tengo una canción y una oración para ti”. La letra hace, a su forma, una denuncia de la iniciación de los adolescentes en el crimen y de la trata de personas, y su video es más un cortometraje que un clip. Punto alto del track list de este disco.

Seguimos con el frenético “Mainline”, duro y resuelto con una progresión de puros acordes mayores, que sirve para cortar el tono dramático del tema anterior.

En quinto lugar aparece el tema homónimo, “Make Some Noise”, del cual ya habíamos apuntado su cualidad rítmica. Con ese potentísimo riff zeppelineano, se trata de una canción pretendidamente ganchera, pensada como corte de difusión, con todas las marcas registradas de un hit. Otra vez contamos aquí con el Talk Box, delineando el riff en medio de una marea de tracks de guitarra.

Promediando el disco, surge el primer cover, “Fortunate Son”, de Creedence Clearwater Revival, una versión más hard del clásico rock n’ roll del disco “Willy and the Poor Boys”, el cuarto título en la discografía de la célebre banda de El Cerrito, California.

“The Last Time I Saw the Sun” es el auspicioso título del séptimo track, un rock que despega de un riff empalagoso elaborado con cromatismos y el uso certero del slide en manos de Aldrich. Tema que refleja a la perfección el espíritu del trasnochador compulsivo.

En octavo lugar tenemos “Mine All Mine”, una canción en la que las estrofas tienen un groove casi funky, a diferencia de los tracks previos. Indudablemente, los Daisies saben que un estribillo pegadizo es uno de los signos de cualquier hit, como también queda demostrado en este tema. Tal vez lo destacable de este coro está en que utilizan una secuencia impar de “vueltas” armónicas, puesto que vuelve a empezar cada tres compases, en lugar de ajustarse a los consabidos números pares.

Le sigue “How Does It Feel”, también groovy, y concatenada sobre un riff de semicorcheas. El estribillo, en este caso, alude a las maneras de Aerosmith, con frases largas y coros recargados.

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El décimo puesto en la lista es para otra de las cimas del disco: “Freedom”, que es, creo, el mejor de los temas movidos de esta producción. Nuevamente asistimos a un riff construido con semicorcheas, alternando notas de cuerdas al aire, mientras el doble bombo las apoya, lanzando el tema como una locomotora. La gracia está en el coro, que hace cabalgar las semicorcheas del bajo de Marco Mendoza sobre un pattern de batería que divide a la mitad el acento del tempo, con una melodía sorprendente, mientras las guitarras despliegan acordes embadurnados por el overdrive. Por otro lado, los dos solos son de los mejores del disco, en los que Aldrich nos ofrece casi toda su panoplia de recursos. Y el final es del tipo “vuela-sesos”.

“All the Same” es el anteúltimo tema del disco. Según dijo el mismo Corabi, habla de las dificultades de la relación que un hombre tiene con una ex que aún lo sigue volviendo loco, un típico rock n’ roll para alocarse en el que la nota de color la da la coda instrumental, agregada a la canción casi como si fuera parte de otra composición.

El track de cierre es otro cover, esta vez de The Who: “Join Together”, también en una versión más hard, que funciona de pelos, sobre todo en vivo.

El diseño y arte del disco, realizados por la firma Freimauer, son muy fieles al estilo de las producciones anteriores de The Dead Daisies —y aquí hay que decir que hace mucho que una banda de rock no tiene una iconografía tan fuerte, identificable luego de un solo vistazo—.

En definitiva, “Make Some Noise” es un gran disco de hard rock de una de las bandas que más proyección tienen en este género. Esperaremos con ansias la cosa nueva que salga de las entrañas del quinteto formado por David Lowy.

 

¡Que sea rock!

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