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Rock es: vencer los defectos

Rock es: vencer los defectos

diciembre 3, 2015

La adolescencia es aquel momento en que nos sentimos más inadecuados, y es en gran parte el motivo por el que buscamos refugio en el rock. Una música que nos rodee, que nos proteja de aquello que nos hace sentir incómodos y vergonzosos, y que nos permita convertirnos en las personas que buscamos ser.
El rock, aquel gran santuario, funciona para salvarnos de lo molesto de ser adolescente. Algún detalle de nuestro cuerpo o nuestra personalidad que no nos gusta para nada y que sentimos que todos pueden ver cuando ponen su mirada sobre nosotros. Aquel defecto que prácticamente nos define, para mal, y no existe suficiente maquillaje en el mundo para ocultar. Es normal.
Él tiene las orejas muy grandes. Ella tiene un brazo más largo que el otro. Ellos nunca sonríen, incluso cuando están en pleno recital. Cada persona tiene su propio demonio esperando a ser vencido, y se soluciona muy fácil: un cambio de enfoque, porque no puede ser tan malo.
Lo principal a tener en cuenta es que cualquier “defecto” que tengamos siempre va a ser mucho más grande para nosotros, mientras que es posible que el resto ni siquiera lo note. Si nos preocupamos por él, dejamos que nos aterre, y hacemos que todos concentren su atención en ese punto, por supuesto que todos van a darse cuenta del tamaño de nuestras orejas. Entonces, desde un principio, sólo son tan evidentes como nosotros permitimos que lo sean.

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Por el otro lado, podemos tomar inspiración en los grandes casos del rock y dar vuelta la situación. ¿Qué es lo que hicieron ellos y qué es lo que podríamos hacer nosotros? Simple, en realidad. No aceptar que nuestros defectos sean negativos, sino usarlos para nuestro bien. Impedir que la vergüenza y la inseguridad nos detenga, porque nada es tan grave como para que dejemos de creer. Después de todo, es cuestión de perspectiva.
El vocalista de Sumo, Luca Prodan, pasó la mayor parte de su crianza en Europa, antes de viajar a Argentina en busca de una vida artística y vanguardista, y era perseguido todo el tiempo por usar palabras complejas en otros idiomas a la hora de hablar. En lugar de adaptarse a las expresiones que se esperaban de él, llevó su forma de comunicarse a las letras de sus canciones. Luca Prodan hablaba raro, así que convirtió su voz en música.
Cuando pensamos en Janis Joplin, nuestra mente se inunda de los gritos estrafalarios de la mejor artista femenina del rock. La década de los ‘60 se contagió mucho de su estilo tan peculiar, y la música moderna le debe mucho. Es curioso, entonces, pensar que sólo vivió hasta los 27 años, incluso si su aspecto daba a entender que había excedido los 40, algo que ella sabía y que, por un tiempo, la avergonzó mucho. Comenzó a usar sombreros grandes, el cabello en la cara, anteojos de sol casi de forma permanente, cualquier cosa que la hiciera sentir menos expuesta. Así, casi sin quererlo, su actitud llevó a que toda una generación se vistiera como ella. Cubrir su cara instauró una moda.
Todos somos especiales, de alguna forma, incluso si de a momentos nos resulta difícil comprenderlo. Lo que en un momento vemos como un gigantesco defecto, aquel detalle por el cual sentimos vergüenza, luego dejará de molestarnos tanto. Y no porque vaya a desaparecer o a volverse una marca de belleza, sino porque lo vamos a estar encarando con el porte correcto; se va a convertir en algo que acompañe a nuestra personalidad, un símbolo que nos represente.

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A veces resulta difícil. No siempre estamos conformes con nuestro cuerpo o con nuestra forma de ser, y la ansiedad nos logra atacar de formas que no esperábamos. Sonreímos a medias para no mostrar nuestros dientes. Usamos gorros en pleno verano porque nos preocupa que un peinado sea muy ridículo. Caminamos a ciegas para no usar aquellos anteojos gruesos que tanto llaman la atención.
Pero llega un momento en que no nos importa tanto la opinión de quienes miran, cuando nos damos cuenta que la única voz que tiene peso a la hora de hablar de nosotros mismos es la nuestra. Un momento genial en que nuestra actitud vence a la vergüenza, nos sentimos cómodos con nosotros mismos, y somos libres de bailar y sacudirnos tanto como queramos. Una sensación a la que debemos aferrarnos.
Cuando nos persigan las dudas, volvamos a los clásicos. Mick Jagger es un hombre con un rostro bastante peculiar y unos labios muy hinchados, casi femeninos, al punto que, hace ya varias décadas, un estudiante de diseño quedó casi hipnotizado por el aspecto que tenía este cantante de los Rolling Stones. Entonces, a la hora de ilustrar un logo para la banda, no pudo hacer más que dibujar esa boca tan llamativa. Y el boceto que en aquel momento costó meras monedas, hoy en día vale millones de dólares. Los labios de Mick Jagger hoy son un símbolo eterno de libertad y rebeldía.

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Nadie es perfecto, eso seguro. Sólo podemos intentar ser la mejor versión de nosotros que podamos, y enfrentar nuestros defectos se trata de eso. Encontrar lo que nos incomoda y vencerlo. Después de todo, Black Sabbath sólo puede sonar así porque a su guitarrista le faltan algunos dedos, así que debemos aprovechar aquello que nos vuelve únicos y convertirlo en rock.

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