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Scott Weiland: frontman de pura cepa.

Scott Weiland: frontman de pura cepa.

diciembre 11, 2015

El 3 de diciembre del año pasado abandonó este plano de la realidad el eximio frontman Scott Richard Kline, más conocido como Scott Weiland. Honky Tonk no podía dejar de rendirle un pequeño homenaje.

Weiland nació en San José, California, el 27 de octubre de 1967. A fines de la década de los ochentas, conoció al bajista Robert DeLeo. De este encuentro fortuito —en el que ambos se dieron cuenta de que estaban saliendo con la misma chica—, nacería una de las bandas más poderosas y vendidas del movimiento grunge: Stone Temple Pilots. Desde ya que éste no sería la primera designación del proyecto, al cual se sumó al guitarrista Dean DeLeo —hermano de Robert— y el baterista Eric Kretz. Al principio, la banda se llamó Mighty Joe Young, pero el cuarteto descubriría que el nombre ya había sido usado por un músico de jazz, por lo cual decidieron cambiarlo a Pilotos del Templo de Piedra, rótulo épico si los hay. (Cabe aclarar aquí que en realidad buscaban que las iniciales de su nombre fueran STP, porque a los cuatro les gustaba el logo de la STP Motor Oil Company. Por esto, antes de llegar a la denominación definitiva, pensaron en Shirley Temple’s Pussy, Stereo Temple Pirates y Stinky Toilet Paper.)

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Y así fue el inicio de una leyenda del rock. Desde luego que Weiland sería también parte fundamental de la agrupación comandada por Slash, Velvet Revolver. Sin embargo, este bloguero cree que la huella de STP es más profunda que la de la banda del ex Guns ‘n Roses, y que su obra aún tiene mayor trascendencia que el mismo grunge, puesto que el cuarteto californiano —luego de haber sufrido las críticas de aquéllos que decían que ellos sólo eran una imitación de Soundgarden, Pearl Jam y Alice in Chains—, demostró que su música estaba arraigada en la tradición zeppeliniana más pura, con influencias del ragtime y, dicho por ellos mismos, de The Doors, a quienes incluso rindieron su tributo en “Stoned Inmmaculate”, el disco homenaje a los Doors, con su versión de “Break on through (to the other side)”.

Más allá de las cualidades vocales de Weiland, que lo han postulado inequívocamente como una de las grandes voces del rock, su capacidad como frontman descansaba también en una actitud desenfadada, una suerte de continuo desparpajo, que se mezclaba también con su trágico flirteo con las drogas, un peligroso cóctel que lo asemejaba a Morrison más allá de lo musical, y que, al igual que a éste último, lo llevó a tener problemas con la ley. En varias ocasiones los STP debieron suspender giras debido a las condenas que se debieron aplicar a Scott, ya que tuvo que ser encarcelado más de una vez. (Los Velvet Revolver sufrieron esto también: una especie de ‘precio’ que se pagaba por tener como vocalista a Weiland.) Su carrera se debatió entre momentos luminosos en los que permanecía limpio de narcóticos y libre de escaramuzas en los juzgados, y tramos de oscuridad en los que recaía y debía someterse a los terapeutas para lograr salir adelante.

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El otro cariz insoslayable de un frontman rocker que abreve en la tradición de Morrison y Plant, es una vida afectiva llena de vaivenes. Weiland también fue aplicado esta cuestión: estuvo tres veces casado, y mantuvo varios amoríos, de los cuales el más sonado fue el que lo relacionó con la actriz de Hollywood Paz de la Huerta.

No quiero terminar esta entrada sin mencionar que su escasa, pero más que interesante carrera solista, posee cuatro discos, entre los que se destaca “12 Bar Blues”, un álbum que fue un fracaso comercial, pero que muestra al Weiland más íntimo y profundo. En esta producción —en la que por el track list desfilan invitados de lujo, como el jazzero Brad Mehldau, Sheryl Crow y Jeff Nolan—, se puede apreciar en todo su esplendor el gusto ecléctico de Weiland, y definitivamente en ella se lo ve como un músico que deseó correr las fronteras de su propio arte un poco más allá. El disco es riquísimo en texturas híbridas, donde se combinan sonidos ‘electro’ con registros acústicos de estilo vintage. La percusión, el piano, las cuerdas, las guitarras eléctricas y los sintetizadores tienen una presencia balanceada. Uno se sumerge en este disco y descubre que la exploración que hay en él tiene más que ver con la permanente inquietud que mueve a David Bowie o a Tom Waits, que con una pose estilística que pueda parecer cool, como la de Muse, por ejemplo, algo a lo que podría remitir una escucha actual del disco. Pese a haber sido grabado en 1998, está adelantado a su época, resultando tal vez uno de los mejores álbumes de rock alternativo y neo-psicodelia de la historia.

A pesar de haber presentado batalla contra las adicciones, y estando de gira con Wildabouts —su último proyecto—, su cuerpo exánime apareció en el bus del tour. Scott Weiland no resultó vencedor en la lucha que le llevó casi toda su carrera, pero hoy su legado nos sigue sorprendiendo. Adiós, frontman de pura cepa.

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¡Que sea rock!

Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

 

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