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“Sonic Temple”: la liturgia de The Cult.

“Sonic Temple”: la liturgia de The Cult.

octubre 19, 2017

The Cult, la legendaria banda formada en Bradford (Reino Unido), dio cátedra de hard rock hace unas semanas en el Luna Park, visita a nuestro país circunscrita en el Alive in the Hidden City Tour, gira con la que vienen presentando su última producción: “Hidden City”. (Al parecer, el nombre del disco número diez de The Cult se debe a la localidad de origen de nuestro Carlos Tévez, Ciudad Oculta, puesto que los miembros del grupo son hinchas fanáticos del Manchester United, equipo al que El Apache otorgó momentos gloriosos).

The Cult 2017

Pero el foco de esta nota del #blogrocker de Honky Tonk es el cuarto álbum de The Cult, “Sonic Temple”, el cual fue editado el 10 de abril de 1989 y llegó a posicionarse en el puesto número 10 del Billboard 200, consiguiendo así la distinción de Disco de Platino en 1993.

Desde luego, estamos hablando del disco más exitoso de toda la historia del grupo. De él se extrajeron cinco sencillos que sacudieron los charts y se convirtieron en algunos de sus temas más recordados, como “Sun King”, “Edie (Ciao Baby)”, “Fire Woman” y “Sweet Soul Sister”.

Pero el aspecto más remarcable de “Sonic Temple” es que se trata del álbum que dio comienzo al vínculo de la banda con el canadiense Bob Rock, uno de los más aclamados productores de hard rock y heavy. Él fue el responsable de las escaladas exitosas de bandas como Metallica (con quienes trabajó unos 16 años seguidos, comenzando por “The Black Album”), Mötley Crüe, Veruca Salt, Skid Row, The Offspring, entre tantas otras. (No hablaremos de las duras críticas que han hecho algunos fans acérrimos de bandas como Metallica y Mötley Crüe acerca del trabajo de Bob Rock: más de una vez se ha afirmado que Bob logra que los artistas que produce alcancen un masivo éxito comercial a costa de desvirtuar su sonido original para meterlos en la corriente que se percibe como el mainstream del momento. Objeción discutible, claro. Personalmente, creo que para cualquier productor, obtener discos como “Metallica” o “Dr. Feelgood” sería un enorme logro).

sonic temple

La cosa es que este álbum es realmente un templo sónico. Una catedral del audio de la época, diría yo. Bob Rock supo construirla empleando los riffs setenteros del genial Billy Duffy —todos de un innegable corte zeppelineano, e incluso delineados bajo cierta influencia de The Doors—, y la descomunal y arrogante voz de Ian Astbury. “Sonic Temple” también es la cima de una evolución que nació con la producción anterior, “Electric” (1987), en el cual los ingleses ya se habían despegado del estilo de los dos primeros discos, incorporando un sonido más cercano a AC/DC, en concordancia con el auge del hard rock, el signo de esos tiempos en la escena musical. Lo interesante de este proceso es que, durante ese progreso, no perdieron su esencia inglesa: aún tratando de sonar como una banda americana no pudieron prescindir de ciertos climas bucólicos y los ribetes psicodélicos que acompañaban a la perfección el gusto de Astbury por el chamanismo —y otra vez aparece la sombra de Morrison y los Doors— y la cultura de los pueblos precolombinos. Y todo esto, matizado con grandes dosis de blues, entretejidas en cada melodía y cada solo.

Sin detenernos a detallar cada uno de los tracks del disco, mencionaré algunas curiosidades de sus canciones más destacadas:

  1. “Sun King” fue inspirada en la figura de Luis XIV, el Rey Sol, padre del absolutismo en Francia, cuyo régimen ayudó a cimentar las bases para el despotismo ilustrado.
  2. En “New York City”, Iggy Pop participó como vocalista invitado.
  3. “Fire Woman” es una de las pocas canciones con una intensa carga sexual que escribió The Cult.
  4. Por último, “Edie (Ciao Baby)”, es la balada del disco —y tal vez la balada por antonomasia de la banda—. Está inspirada en Edie Sedgwick, la modelo y actriz que de alguna forma renegó de la high society transformándose en la musa de Andy Warhol, y que luego murió trágicamente a causa de una sobredosis de barbitúricos.

The-Cult-

Sin duda alguna, The Cult dejó su marca indeleble en la historia del rock con este disco, que es una suerte de puente entre dos épocas: los setentas y el cierre de la década de los ochentas. Esta infravalorada banda inglesa hizo de “Sonic Temple” un vórtice en el que coincidieron su puesta en escena y su look —casi góticos, o de corte new wave— con la etérea inercia de la psicodelia y la rudeza del hard. No es poca cosa haberlo logrado con tanto estilo.

 

¡Que sea rock!

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