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Steve Vai en el Luna Park: aguerrida pasión.

Steve Vai en el Luna Park: aguerrida pasión.

junio 23, 2017

El pasado 15 de junio pudimos ver a la leyenda viva de Steve Vai ofreciendo el último concierto del Passion and Warfare 25th Anniversary Tour en el estadio Luna Park. Sí, la extensa gira terminó, según sus propias palabras, en Buenos Aires, luego de haber tocado en la Plaza de la Música, en Córdoba, y en el Teatro El Círculo de Rosario. Y en Honky Tonk estamos más que orgullosos de haber esponsoreado el cierre de este vasto tour mundial que culminó con un show alucinante.

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El concierto arrancó con un Luna casi lleno. Aún no terminaba de sonar “Money”, de Pink Floyd, cuando las luces se apagaron y Steve Vai comenzó a hacer hablar a su guitarra desde el backstageritual casi obligado del comienzo de sus conciertos—, para que el público, vibrante y lleno de expectación, le respondiera. Pero el “diálogo” duró poco porque inmediatamente se proyectaron imágenes de “Crossroads”, la película de Walter Hill: el decisivo momento en que el Demonio se encuentra con Willy “Blind Dog” Brown para cerrar los términos de la competencia que decidiría el destino del alma su protegido, Eugene Martone, el personaje encarnado por Ralph Macchio… Todos recordamos ese duelo de guitarras, ¿no? Allí estaba Steve Vai personificando a Jack Butler. Vai hizo los dos solos: el de Butler y el de Martone, quien como último recurso ejecuta una soberbia versión del Capricho n° 5 de Niccolò Paganini, ganando así la libertad para sí mismo y para Brown.

Cuando Legba —el Demonio— se sonríe sardónicamente, apareció parte de la banda sobre el escenario del Luna: Jeremy Colson en batería y Philip Bynoe en bajo. Y luego Vai salió al ruedo con su guitarra Ibanez (la “Mojo”), campera con capucha y anteojos negros (los tres objetos adornados con leds luminosos), ya así dio comienzo a una noche inolvidable, tocando la atronadora “Bad Horsie”, tema inspirado en el wah-wah de su set, de la marca Morley, y que lleva el mismo nombre.

Para el segundo tema, “The Crying Machine” —tal vez el más conocido del disco “Fire Garden”— ya había aparecido Dave Weiner en guitarra rítmica. Así se completó banda, una formación más asentada que funciona con precisión extrema y que viene acompañando a Vai desde hace muchos años. La apuesta se redobló con la siguiente canción, “Gravity Storm”, del álbum “The Story of Light”, y para ese momento ya sabíamos que Vai nos iba a dejar boquiabiertos una vez más.

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El primer clímax de la noche llego con “Whispering a Prayer”, balada instrumental del disco “Alive in an ultra world”, de 2001, que según dijo Vai al presentarlo, compuso en Buenos Aires. Con este número, que nos hizo lagrimear a muchos, nos quedó claro que el concierto no sólo nos iba a deslumbrar por el ya conocido nivel interpretativo de Vai y sus músicos, sino también por el despliegue multimedia: impactantes proyecciones de gran calidad acompañaron a la perfección el sentir de esta canción tan espiritual.

Pero a partir de este punto empezó lo mejor: todo, todito el disco “Passion and Warfare”, de principio a fin. “Liberty” fue introducido por Brian May, en las imágenes del concierto Guitar Legends de Expo Sevilla 1992. Y no sólo eso, Vai y su banda tocaron en vivo sobre la grabación de aquella temprana versión, con lo cual hubo momentos en los que armonizaban cuatro guitarras. La sincronización fue casi perfecta. (Mención aparte para el “olvido” de Vai: comenzó con la guitarra que había usado en el tema anterior y toda la puesta debió iniciarse nuevamente. Él dijo que igual era cool empezar otra vez porque volvería a escuchar a May presentarlo como the master of the space age guitar. Entrecomillo “olvido” porque Vai suele incluir en sus shows errores que en verdad son pequeños guiños ensayados como golpes de efecto. Y vaya que funcionan…)

Siguieron los temas del track list del disco, tocados con gran solvencia a pesar de su complejidad compositiva: “Erotic Nightmares” y “The Animal”, siempre con una perfecta sincro entre lo interpretado en vivo con las pistas de las voces habladas y efectos sonoros (que abundan en “Passion and Warfare”).

Con “Answers” tuvimos la aparición virtual del segundo invitado: Joe Satriani, haciendo una divertida jam en la que él y Vai dialogaron con pirotécnicos solos (pregrabados los de uno y en vivo los del otro). La nota de color fueron los atuendos y las máscaras que usó Satriani, los cuáles iban cambiando en cada una de sus intervenciones.

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Continuó la fascinación de todos los que nos dimos cita en el Luna con los muchos climas del groovero “The Riddle” y la precisión de “Ballerina 12/24”, un muy difícil y largo arpegio con armonizer octavado que sonó igual que la grabación.

Inmediatamente vino otro de los platos fuertes de la noche: “For the Love of God”, el que fue desgranado al mismo tiempo que en las pantallas se mostraba el video oficial del tema. Es complicado tratar de describir lo que se siente con esta canción. No importa cuántas veces la hayas escuchado en vivo: siempre te sorprende.

“The Audience is Listening”, —también tocada con el gracioso video oficial de fondo— produjo un cambio rotundo en la vibra del show, y la sorpresa en este caso vino con el nuevo invitado: John Petrucci, que también zapó con Vai de forma pregrabada, en un nuevo alarde de meticulosa sincronía.

A partir de “I would love to” (acompañado, otra vez, con su genial videoclip) y hasta el final del track list del disco (“Blue Powder”, “Greasy Kid’s Stuff”, “Alien Water Kiss”, “Sisters” y “Love Secrets”) el show pareció decaer un poco, según me pareció. Tal vez se debió a una escucha cansada por al aumentante volumen del audio y por barroquismo de las composiciones de Vai: “Passion and Warfare” es un disco largo y recargado. Escucharlo completo en vivo es un desafío (y mucho más, tocarlo, claro).

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Pero la cosa subió de nuevo hasta la estratósfera con el primer bis: “Stevie’s Spanking”, el oscurísimo tema de Frank Zappa que sirvió a Vai para recordar sus inicios y agradecer al célebre guitarrista por semejante padrinazgo. Fue tocado sobre la filmación de una performance de Zappa y su banda del año 1982, con un muy joven Vai haciendo las veces de primera guitarra. (De más está decir que todos aplaudimos a rabiar esta resucitación del genial Zappa y esta versión moderna de una de las mejores canciones de su cuádruple disco “Them or Us”).

Los últimos dos bises fueron “Racing the World”, uno de los temas más pegadizos de “The Story of Light”, y el estrambótico y virtuoso “Taurus Bulba”, cuarto movimiento de la “Fire Garden Suite”, del disco homónimo, con el que finalizó el concierto. Difícilmente podía escogerse un tema más extraño para cerrar, pero a Vai se le permite casi cualquier cosa.

En definitiva, y haciendo el balance del show, fueron dos horas veinte minutos de una música magnífica, un concierto que nos paseó por muchas sensaciones. Mi bonus fue haber podido llevar a mi hija Micaela —incipiente guitarrista y bajista de dieciséis años—, y ver la expresión de sus emociones (caras de asombro, ojos llorosos, sonrisas de oreja a oreja): fue mi espectáculo personal.

Recordé cuando llegó a mis manos “Passion and Warfare”, en cassette; recordé que gasté esa cinta; recordé cuando Vai vino por primera vez a la Argentina y tocó en el teatro Gran Rex, y mi amigo Diego y yo no podíamos creer lo que estábamos presenciando.

Bueno, la misma maravilla sucedió de nuevo. La magia de Steve Vai sigue intacta.

 

¡Que sea rock!

Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

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