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Tango y rock en el Abasto.

Tango y rock en el Abasto.

junio 24, 2015

80 años desde la muerte del Zorzal Porteño

 

Hoy se cumplen 80 años de la muerte trágica del “Morocho del Abasto”: Carlos Gardel, ‘La Voz del Tango’, título indiscutible si los hay, y de alcance mundial.

Tal vez nunca podamos desentrañar los misterios de su origen: si nació en Uruguay o nació en Francia. Si estudió en el Colegio Salesiano Pio IX de Buenos Aires, donde habría sido pupilo a principios del siglo XX, participando del coro junto a quien sería uno de los beatos argentinos más célebres: Ceferino Namuncurá; o si estudió en la Escuela de Varones del barrio Sur de Montevideo.

Tal vez sea preferible creer que el tipo apareció de la nada, como si se tratara de un ser mitológico en el que Calíope —la Musa de la poesía— y Euterpe —la Musa de la Música— se hubieran fundido, para saber cómo era vibrar cantando el gotan, esa bella y trascendente música, netamente masculina en sus orígenes, pero tan masiva y amplia en la actualidad que la UNESCO ha decidido declararla “Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad”.

Lamentablemente, sí conocemos mucho mejor los detalles de su trágica desaparición. En 1978, otro genio absoluto de la música argentina, Ástor Piazzolla, le escribió una carta ficticia a Carlos Gardel:

“Querido Charlie: jamás olvidaré la noche que ofreciste un asado al terminar la filmación de ‘El día que me quieras’. Fue un honor de los argentinos y uruguayos que vivían en Nueva York. Recuerdo que Alberto Castellano debía tocar el piano y yo el bandoneón, por supuesto para acompañarte a vos cantando. Tuve la loca suerte de que el piano era tan malo que tuve que tocar yo solo y vos cantaste los temas del filme. ¡Qué noche, Charlie! Allí fue mi bautismo con el tango. Primer tango de mi vida y ¡acompañando a Gardel! Jamás lo olvidaré. Al poco tiempo te fuiste con Lepera y tus guitarristas a Hollywood. ¿Te acordás que me mandaste dos telegramas para que me uniera a ustedes con mi bandoneón? Era la primavera del 35 y yo cumplía 14 años. Los viejos no me dieron permiso y el sindicato tampoco. Charlie, ¡me salvé! En vez de tocar el bandoneón estaría tocando el arpa…”

El as del bandoneón se estaba refiriendo al accidente en la pista del aeropuerto Olaya Herrera, en Medellín, el 24 de junio de 1935.

Me acuerdo de que, cuando yo era chico, mi viejo escuchaba mucho a Julio Sosa. Tenía varios magazines y cassettes del tanguero uruguayo. Hoy lo sigue oyendo, cada tanto. Ya de grande le pregunté acerca de él, por qué le gustaba tanto. Me dijo: “Es una de las voces más gloriosas del tango. Pero él, como todos, es hijo de Gardel. Y para corroborarlo, me comentó que hay una versión de “La Cumparsita” cantada por Sosa en la que él recita un poema de Celedonio Flores:

 

“Pido permiso, señores

Que este tango… que este tango habla por mí

Y mi voz, entre sus sones, dirá… dirá porque canto así

Porque cuando pibe… porque cuando pibe

Me acunaba en tangos la canción materna pa’ llamar el sueño

Y escuché el rezongo de los bandoneones

Bajo el emparrado de mi patio viejo”

 

Y mi viejo asegura que el autor, al hablar de los tangos escuchados durante su infancia, se refería a Gardel. “¿A quién, si no? Al Morocho del Abasto, sin duda.”

gardel

“Todos los cantores de tango son hijos de Carlos Gardel”, es una afirmación que siempre me sonó igual a la que dice que todos los guitarristas de rock somos, en alguna medida, hijos de Jimi Hendrix. Y al igual que éste —y tantos otros músicos que ahora me vienen a la mente, como Dimebag Darrell, John Lennon y Jaco PastoriusGardel murió en lo mejor de su carrera, de forma inesperada. Tales fallecimientos son como una amputación al Arte: uno nunca se deja de preguntar cómo hubiera seguido la carrera de estos creadores, y teje una suerte de ucronía con la imaginación…

Los historiadores sí están de acuerdo en algo respecto de la vida de Gardel: él vivió mucho tiempo en el barrio porteño del Abasto, donde hoy Honky Tonk tiene su más reciente local. Y sí, no podíamos estar ausentes en uno de los escenarios tangueros de Buenos Aires por excelencia porque los vínculos entre rock y tango cada vez son más numerosos. Ya son muchos los músicos de rock que incursionan en el tango, porque allí han descubierto raíces profundas, que siempre han estado y que son innegables en nuestro ADN musical. Ambas géneros musicales han formado a generaciones enteras, han trascendido y modelado, con su impronta, las sociedades del mundo entero durante décadas, encarnados en miles de artistas que son como llamas encendidassin importar si están vivos o muertos: esto va más allá de la existencia física—. Por eso no queríamos que este día pasara sin rendir nuestro pequeño homenaje al Zorzal Porteño.

¡Que sea Tango!

Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

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