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“Ten”: un debut a lo bestia.

“Ten”: un debut a lo bestia.

julio 25, 2016

El 27 de agosto de 1991, ya instalados definitivamente los aires de cambio —la última década del siglo pasado había comenzado imbuida de una atmósfera insólita—, se lanzó al mercado un disco que sería una bisagra en la historia del rock. La costa oeste de USA (más precisamente, la ciudad de Seattle) se había transformado en el epicentro de un sismo que cambiaría la faz sonora de gran parte del planeta: el grunge surgió como la revolución punk que Estados Unidos nunca había tenido.

Estamos hablando de “Ten”, ni más ni menos. El primer disco de Pearl Jam: un debut bestial.

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Esta historia comienza en 1987, con la disolución de Green River, la banda del bajista Jeff Ament y el guitarrista Stone Gossard. Ambos decidieron hacer borrón y cuenta nueva, iniciando Mother Love Bone. Sin embargo, la muerte trágica de su vocalista, Andrew Wood —a causa de una sobredosis—, hizo que este proyecto se diluyera. Pero es obvio que Ament y Gossard no son de los que se rinden fácilmente. Por eso convocaron al vocalista Eddie Vedder, al baterista Dave Krusen y al guitarrista Mike McCready. Los temas del primer disco de este nuevo grupo fueron surgiendo de muchas zapadas. A las composiciones, que fueron tomando forma en esas largas jam sessions, Vedder fue adosándoles la letra. “Ten” no resultó un éxito inmediato, pero a fines de 1992 ya los cortes “Evenflow” y “Jeremy” resonaban en todos los televisores, a través de MTV, y en todas las radios. Y además, el álbum llegó al segundo puesto del chart de Billboard, y fue número dos en las listas de USA.

Una curiosidad sobre el origen de algunas de estas canciones: “Alive”, “Once” y “Black” antes fueron temas instrumentales apenas esbozados en un cassette llamado “The Stone Gossard Demo ’91”, el cual habían grabado Gossard, Ament y McCready, junto al baterista de Soundgarden, Matt Cameron, quien se les unió para darles una mano al comienzo de la empresa. Esta cinta tenía como objetivo atraer a un vocalista y autor para completar la banda. Vedder recibió una copia de manos del ex-baterista de Red Hot Chili Peppers, Jack Irons. Así, Vedder decidió escribir las letras y componer las melodías. A finales de 1990 la banda, ya formada y con más de once canciones en la gatera, demostraba que había encontrado la alquimia necesaria para funcionar al firmar con Epic Records.

Las sesiones de grabación de “Ten” finalizaron en mayo de 1991, y fueron producidas enteramente por Rick Parashar, el cual reutilizó algunos de los demos originales del “Gossard Demo”. Las mezclas definitivas las hizo Tim Palmer en Ridge Farm Studios, una granja que había sido transformada en un estudio de grabación, en el Reino Unido. (Más tarde, la banda expresaría su descontento respecto del resultado de las mezclas, aduciendo que las mismas tenían un exceso de reverb. Vedder, Ament y Gossard afirmaron esto más de una vez.)

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Como todo disco que se precie de haber nacido en la cuna del grunge, “Ten” tiene letras oscuras, cuya temática oscila entre el suicidio y el asesinato, pasando por la soledad y la depresión. El ejemplo emblemático podría ser “Jeremy”, para la cual Vedder se inspiró en un caso real, el de Jeremy Wade Delle, un estudiante de la escuela media que se suicidó delante de su compañeros de curso. Otro detalle destacable es el de los temas “Alive” y “Once”, que según Vedder, forman parte de un ciclo de canciones, una mini ópera denominada por él mismo como “Mamasan” (o “Mommason”). El tercer tema de este ciclo sería “Footsteps”, que sólo saldría como “lado B” del single “Jeremy”. Luego se supo que esta colección de canciones aludían de forma indirecta a la historia del mismo Vedder, siendo casi autobiográficas, y teniendo como tema central el descubrimiento tardío acerca de su real historia familiar: su padre resultó ser su padrastro, ya que su auténtico progenitor había muerto.

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El disco, en cuanto a lo musical, es un híbrido entre la rabia de las guitarras de un furibundo hard rock, con ribetes hendrixianos y zeppelineanos, y la profunda y desgarrada voz de barítono de Vedder. Por otra parte, la batería y el bajo proporcionan una base sólida de rock purista, cuyo groove remite tanto a lo que vendría como a lo que ya había sucedido antes de finales de los ochentas, algo pocas veces visto en el grunge. Por eso creo que “Ten” es una especie de puente entre los ochentas y los noventas.

Todavía es un disco muy vendido. De hecho, hasta la fecha ha vendido casi 10 millones de copias; tiene 12 certificaciones de Platino; y la revista Rolling Stone lo ha colocado en el puesto número 207 entre “Los mejores 500 álbumes de todos los tiempos”.

Lo último que quiero mencionar en esta nota es la imagen de la tapa del disco: el quinteto golpeando sus palmas en un sentido gesto de “todos para uno y uno para todos”, algo que ratificó Ament: “Queríamos ser una banda”. El nombre “Ten” (“Diez”) alude al número de la camiseta de Mookie Blaylock, jugador de básquet de NBA, del cual Ament y Gossard son fans. De hecho, éste era el nombre original de la agrupación, pero por temas de propiedad intelectual y derechos —Blaylock tenía un contrato con Nike—, debieron cambiar el nombre a Pearl Jam.

Ament y Gossard no abandonaron, aún cuando sus primeros intentos terminaron prematuramente, y a veces de forma fatal. Ellos estaban decididos a formar una banda que se ganara su lugar en los anales de la historia del rock. Y lo lograron. Nadie puede obviar “Ten”, un discazo que constituyó un debut a lo bestia.

A no rendirse: puede ser que lo próximo que emprendas sea el puntapié de algo que forme parte de la historia futura.

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¡Que sea rock!

Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

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