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El extraño de pelo corto.

El extraño de pelo corto.

agosto 26, 2019

Si hay un álbum de Charly García del que sigo enamorado, ése es “Clics modernos”, el segundo de su discografía solista. Esta obra contiene varios de sus éxitos más memorables, como “Los dinosaurios”, “Bancate ese defecto”, “Ojos de videotape”, “Nos siguen pegando abajo” y “No soy un extraño”, entre otros. Antes de ponerme a hablar de la última canción mencionada —uno de los temas más bellos y profundos del rock hispanohablante, a mi entender—, quiero empezar la entrada de hoy del #blogrocker de Honky Tonk contado algunas generalidades del disco.

Después de haber publicado “Yendo de la cama al living” (1982), Charly descubrió que podía romper los límites de su pasado glorioso, en el que había sido el deuteragonista ideal de Nito Mestre en Sui Generis y el alma mater de dos de las monstruosidades más categóricas del rock argentino: La máquina de hacer pájaros y Serú Girán. Habiendo sido un muy buen comienzo de su carrera solista, el primer álbum lo alentó a apostar más alto con una segunda producción. Con esa convicción hizo “Clics modernos” en Nueva York, durante los meses finales de la última y más feroz dictadura cívico-militar de la historia de nuestro país.

Este segundo álbum fue lanzado el 5 de noviembre de 1983 y aún hoy es considerado como uno de los mejores discos de rock nacional. (En varias encuestas ha terminado en segundo lugar, luego de “Artaud”, de Pescado Rabioso). Coproducido por Joe Blaney (ingeniero que había trabajado con The Clash, entre otros), fue grabado en los estudios Electric Lady —el que Jimi Hendrix había construido para plasmar la visión sonora de su“Electric Ladyland”—.

Charly lo contó así: “Es un disco auto-producido, hasta en lo económico. Compré los instrumentos y me instalé un estudio de dieciséis canales en el Village. En un momento apareció Pedro Aznar (que estaba en Nueva York trabajando con el Pat Metheny Group), junto a su novia. Entonces hicimos el primer ensayo. Me acuerdo que cruzábamos Washington con un carrito de supermercado lleno de emuladores y equipos… Yo ya había grabado un disco en L. A. ―el primero de Serú― y me había servido de experiencia. Pero había tenido muchos problemas para conseguir los sonidos que quería.”

Lo que sorprendió de “Clics modernos” es el sonido de synth pop, tendiente al new wave y manifiesto, sobre todo, en el uso de las baterías electrónicas. Y esto, al principio, no fue una decisión de producción, sino un avatar inesperado que tenía que ver con esa dificultad para obtener los resultados deseados.

Al respecto, Charly dijo: “Fui a los estudios Electric Lady y les dije que quería alquilarlo. El dueño me preguntó si mi papá era millonario. Pero cuando le mostré la plata, me ofreció un café. Y me dio una lista de ingenieros, el último de los cuales era Blaney. Lo llamé y apareció al otro día, alto, cool, con zapatitos de leopardo… Vio mi mesa Tascam de dieciséis canales, le mostré mis discos y quedamos en empezar. Yo necesitaba un baterista y me encantaba el de Jan Hammer, pero lo probé y no rindió. Incluso fuimos a grabar y no pasó nada. Le pregunté a Blaney qué sonido de batería podía sacarle. Sin embargo, no funcionó. Sabíamos que tocaba fenómeno, pero con nosotros no conectaba. Y al otro día, primera sesión de la grabación, no me quedó otra que poner una batería electrónica Roland TR-808. Grabamos «Nos siguen pegando abajo», y se armó. Blaney se dio cuenta, todos nos dimos cuenta. Y seguimos con máquinas.”

Charly y Blaney mezclaron el disco en Unique Studios, también en Nueva York. Simultáneamente, Laurie Anderson grababa “Mister Heartbreak” en el mismo lugar. Y esto no es un dato menor, porque así como la coyuntura política argentina que a Charly le llegaba de a retazos (“Acabo de llegar / No soy un extraño / Conozco esta ciudad / No es como en los diarios desde allá”, son los versos iniciales de la canción que es el motivo de esta nota), también el florecimiento musical de comienzos de la década dejaría su influencia (re-procesada) en la obra en ciernes.

Sobre esto, Charly recuerda: “En esa época yo escuchaba «Sandinista!» y seguramente a Joni Mitchell. Y no había muchos grupos que me gustaran (a la new wave la descubrí después). Lo que escuchaba era Men at Work, porque sonaba todo el tiempo. También «Synchronicity», de The Police. Lo difícil de entender de “Clics modernos” era que antes nadie había hecho una polirritmia entre máquinas y sonidos tocados. El aporte de Joe fue mortal, porque era la primera vez que yo tenía un ingeniero americano, que había grabado con The Clash y no sé qué; o sea, era bien rockero, del palo. Y estaba grabando en la sala A de Electric Lady, que es el mejor estudio del mundo. Ahí te das cuenta de cómo es el sonido, cómo son los discos y cómo se hacen. Este álbum tiene una artesanía de disco, está hecho como un disco, no se trató solamente de hacer canciones y grabarlas. Hay una serie de reglas escritas y no escritas de cómo se hace un buen disco. Y las cumplimos.”

Esta bendita melange de sonidos nuevos e inquietudes socio-políticas fueron las pulsiones que concibieron los sonidos y las temáticas de “Clics modernos”. Y además, la producción contó con sesionistas de primer nivel, como el ya mencionado Aznar en bajo, coros y guitarra, Doug Norwine en saxo y el eximio Larry Carlton en guitarra.

Justamente, la alusión a Carlton me sirve para detenerme en uno de los dos temas que más me gustan de este álbum, “No soy un extraño” (el otro es “Los dinosaurios”). Este track, segundo de la lista, contiene una de las participaciones del gran guitarrista de jazz y fusión.

“No soy un extraño” es una suerte de declaración de principios en la que la cuestión del exilio es troncal. La canción complementa una visión que se va armando con otros temas del álbum, como “Plateado sobre plateado” y “Los dinosaurios”. Con todos ellos, Charly pretendió ensamblar un mosaico de la realidad argentina de entonces, pero desde una mirada cosmopolita. De hecho, hasta podríamos decir que él previó el concepto de globalización tal como hoy lo conocemos. Dijo en una entrevista en la que hablaba acerca del disco: “Yo pienso que en el mundo va a haber una sola cultura universal, que va a abarcar a todos los países, donde un país va a hacer una rueda del auto, otro país va a hacer la ventana, otro país va a hacer los farolitos, otro país va a hacer la nafta, entonces… ¿para qué bombardear a nuestro vecino que nos hace la puerta del auto? Yo pienso que, o se llega a eso, o terminaremos pensando ‘yo soy blanco y lindo y vos sos negro y feo, vos sos amarillo y yo soy rojo’, y toda esa serie de inhibiciones estúpidas que dividen a la gente”. Charly lo vio venir. En lo único que pifió es que ambas opciones predichas por él no se excluyeron. (Tristemente, hoy existen popes y dirigentes que usan el mundo para jugar su TEG privado, creyendo que podemos sobrevivir sin aprender la belleza de la necesaria interdependencia).

“No soy un extraño” también hace su descargo en lo musical porque resume de forma rotunda la mutación que experimentaba Charly, la necesidad de sentirse distinto sin que lo condicionara su éxito musical previo. Por eso esta canción es un tango casi susurrado sobre una base electrónica en el que se intercalan fraseos de la guitarra de un jazzman. Era claro su deseo de proponer una futuridad musical nueva, que se nutriera de estilos y géneros preexistentes y los regurgitara, reciclándolos, a tono con lo que estaba pasando en la vanguardia internacional. No es exagerado decir que Charly con “Clics…” plantó el hito que daría dirección al rock nacional que vendría.

Sin duda, una de las frases más poderosas del disco está al final de esta canción: “Desprejuiciados son los que vendrán / Y los que están ya no me importan / Los carceleros de la humanidad / No me atraparan dos veces con la misma red”. Escapar de los «carceleros de la humanidad» era sobrevivir a los milicos, era liberarse de los moldes musicales, era pensar un futuro nuevo.

La portada del disco plantea de entrada esta necesidad de emancipación: en ella se ve a un Charly García ya sin rastros del look hippie, un extraño de pelo corto, sentado delante de un grafiti de un grupo desconocido llamado Modern Clix. Pero lo más importante de la pintada de esa pared neoyorquina es la silueta negra de una figura humana, muy similar a las que podían verse acá en las marchas por los desaparecidos en esa época. (El arte de tapa fue realizado por Uberto Sagramoso). Cuando Charly descubrió el grafiti, supo que el disco no debía titularse “Nuevos trapos” (en referencia el cuarto tema del track list), sino que “Clics modernos” era el nombre adecuado, y que no encontraría una mejor imagen para ilustrar su anhelo de eludir todas las redes que intentaban apresarlo.

 ¡Que sea rock!

Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

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