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Living Colour: la vigencia de un rock de resistencia.

Living Colour: la vigencia de un rock de resistencia.

junio 1, 2018

El pasado 12 de mayo nos visitaron por cuarta vez los Living Colour, banda oriunda de Nueva York, formada en 1984. Para empezar esta entrada del #blogrocker de Honky Tonk, tengo que decir que fue un show extraordinario.

El cuarteto (Corey Glover en voz, Will Calhoun en batería, Vernon Reid en guitarra y Doug Wimbish en bajo) lideró la movida del hard rock norteamericano de fines de los ochenta, en la que varias bandas —mayormente integradas por músicos negros y latinos— mezclaron el funk, el hip-hop, el soul y el heavy metal, y compusieron canciones de letras combativas que desafían el establishment y denuncian el apartheid, entre otras virtudes… (Otras agrupaciones de esta época son Infectious Grooves, The Urge y también Fishbone, que ya la venía peleando desde 1979).

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En esta ocasión, el cuarteto arribó a nuestro país para presentar “Shade”, su sexto álbum de estudio (editado luego de ocho años de espera, desde “The Chair in the Doorway”, de 2009). Así que sus fans estábamos más que ansiosos por escucharlos, no sólo para descubrir cómo sonaría la nueva producción en vivo, sino también para revivir la emoción de verlos tocar las decenas de clásicos que han logrado aglutinar en una discografía más bien exigua, si recordamos que ya cuentan treinta y cuatro años de trayectoria.

Groove casi estaba lleno para cuando empezaron a sonar los Habeas Pornus, el grupo formado por Hernán García (Oconnor), quienes abrieron la noche con un impresionante cover del soundtrack del film “Flashdance”, “Maniac”, de Michael Sembello. Luego repasaron varios temas de su disco debut, “Acuario”. Para cuando terminaron su actuación, el ambiente estaba cargado de buena vibra y se presentía que íbamos a vivir una noche de excelente rock.

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Y así se abrió el telón en una suerte de comienzo fake, con “Runnin’ With the Devil” de Van Halen sonando a todo volumen. Luego aparecieron Will, Vernon y Doug, aclamados por un Groove ya completamente atestado, y sin preámbulo alguno, Vernon Reid empezó a desgranar las notas de “Who’s That”, uno de los temas de “Shade”, con su característico fingerstyle. Aunque ése fue otro amague, porque la pirotecnia de Reid sirvió como intro de “Preachin’ Blues”, uno de los veintinueve misteriosos blues del legendario Robert Johnson, versionado con la potencia inusitada de la voz de Glover, quien fue el último en salir a escena. Este cover —segundo track de “Shade”— fue casi una declaración de principios.

Luego siguieron tres cásicos de “Vivid”, su disco debut, al hilo: “Middle Man”, “Desperate People” y “Funny Vibe”. De más está decir que rápidamente se armó el pogo y que todos coreamos los riffs y cantamos (especialmente en “Desperate…”, temazo inoxidable). En quinto lugar, los Living volvieron a “Shade”, haciendo uno de sus temas más poderosos: “Freedom of Expression (F.O.X.)”. Esta fórmula (una canción nueva seguida de tres clásicos) la fueron repitiendo a lo largo del show, casi sin variantes. Así, el otro de los covers de “Shade” (“Who Shot Ya?”, de The Notorious Big) vino luego de “Wall”, “Memories Can´t Wait” (la canción de Talking Heads que los Living hicieran más célebre aún), e “Ignorance Is Bliss”.

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Algunos de los puntos más altos de este memorable concierto de los Living fueron la introducción de “Open Letter (To a Landlord)”, en la que Corey Glover se lució hasta lograr una ovación cerrada, (demostrando que con cincuenta y tres sigue teniendo una voz incomparable), y el sentido solo de bajo de Doug Wimbish, llamado “Swirl” (Doug es la prueba de que un pedalboard lleno de efectos y el virtuosismo pueden estar al servicio del toque expresivo y el feeling: sus arpegios y melodías crearon una atmósfera mágica).

A partir de ese punto, el show devino en un tobogán de hitazos que fueron celebrados por todos los presentes, especialmente “Glamour Boys”, “Love Rears Its Ugly Head” y “Cult of Personality”. De todos modos, el cuarteto neoyorquino tenía algunas sorpresas más bajo la manga, como el fragmento de “Hound Dog”, del Rey Elvis Presley, en “Elvis is Dead”; el de “Police and Thieves”, de Junior Marvin, en “Type” y el de «Get Up (I Feel Like Being a) Sex Machine», de James Brown, en “Time’s Up”. Y como si todo esto no hubiera bastado, en un impresionante solo de batería, Will Calhoun dejó bien en claro por qué se graduó con honores en el Berklee College of Music.

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El bis que cerró esta noche descomunal con broche de oro fue, ni más ni menos, “Rock and Roll”, de Led Zeppelin, clásico en el que insertaron un pedazo de «What’s Your Favorite Color?”, famoso corte de difusión de su primer disco, que siempre fue tomado por los fans como la canción emblemática de la agrupación, debido a su nombre.

Hay quienes dijeron que el rock de esta banda les pareció anacrónico, ahora que estamos a muy poco de entrar en la tercera década del siglo XXI. Incluso otros dejaron entrever que la obstinación de los Living en permanecer fieles a su propuesta estética e ideológica, enarbolada desde fines de los ochentas, les resultó chocante. Yo no soy muy amigo de las polémicas, pero por mi parte no puedo dejar de alegrarme de que en medio de tanta música basura que apenas llega a la categoría de “producto de entretenimiento”, sigan girando por el mundo bandas de este calibre, que han hecho del rock un vehículo de ideas, un bastión de resistencia. Basta con ponernos a pensar en sus letras —un poco nomás, sin tener que convertirnos en exégetas— para darnos cuenta de que las luchas que todavía no se definieron siguen legitimando las canciones de los Living. Todo lo que ellos hacen en la gira de presentación de “Shade” destila su cosmovisión (desde la voz grabada de Trump hasta la elección del tema de Elvis Presley: cuando El Rey triunfaba, en los conciertos de artistas blancos no se dejaba entrar al público de color…)

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Yo creo que hoy se necesitan más que nunca bandas con este tipo de “anacronismos”, que tengan el valor de cantar sobre las luchas que día a día siguen entablando los sectores marginados. Como sea, si no queremos aceptar que el rock es fundamentalmente un clamor de libertad y un canal de denuncia, al menos hay que reconocer que, en manos de los Living, tiene un altísimo nivel de calidad. ¡Larga vida a los Living Colour!

¡Que sea rock!
Néstor Darío Figueiras – Músico, productor, escritor.

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